8 de noviembre de 2016

5 razones para amar ‘Abre los ojos’

Por M. J. Arias

Tras unos cortos que sentaron las bases de la que sería después su cine y un opera prima que fue una auténtica tesis doctoral, Alejandro Amenábar se presentó ante el público con 'Abre los ojos', una película de fuerte carga existencialista y que se movía en las peligrosas arenas movedizas de la confusión entre realidad y sueño o alucinación. Era el año 1997, su segunda película y este director de origen chileno volvía a deslumbrar con la historia de César (Eduardo Noriega), un joven de buena planta y dinero en la cartera que tras quedar desfigurado por un accidente de coche comienza un viaje en el que su mente no sabe distinguir entre lo que es real y lo que no arrastrando con él al espectador. Completaban el reparto Fele Martínez, Penélope Cruz, Chete Lera y Najwa Nimri.
Y a Amenábar hay que quererle siempre. Porque es cierto que ahora son muchos y muy buenos los directores españoles que ruedan fuera de España, con un reparto internacional y que son reconocidos fueras de nuestras fronteras, pero Amenábar fue un pionero en su época. 'Tesis' es una auténtica maravilla, toda una declaración de intenciones. Y con 'Abre los ojos', su segundo largometraje, se confirmó como uno de los mejores directores de cine español, con una proyección que se ha confirmado con el tiempo y con esa visión de cómo hacer cine que entonces no era tan común.
Esa escena marca toda la película. Ver la Gran Vía vacía, con el personaje de César (Eduardo Noriega) corriendo por ella desconcertado, desorientado y sin saber qué demonios está pasando es, cuanto menos, impactante. Es una escena clave e icónica de ‘Abre los ojos’, marca un antes y un después y visual y narrativamente es brutal.
Es un no parar, un ejercicio mental continuo, un juego de las apariencias y un tobogán de emociones en el que se zambulle el personaje de César llevándose consigo a l espectador, que no llega a saber qué parte es sueño y cuál realidad. ¿Qué es real y qué no? El inicio parece claro, pero a partir del accidente de coche la película se convierte en un auténtico torbellino del que es complicado salir. Al final cada cuál saca sus propias conclusiones y ahí está la gracia y el reto.
Sin Mateo Gil'Abre los ojos' no habría existido, porque es algo así como la otra mitad de Amenábar cuando se pone a escribir. Ya en sus tiempos de estudiantes compartían créditos y aunque su fama no se asemeja, ni de lejos, a la de su compañero de estudios y rodajes, su talento le va a la par. Juntos han firmado este guión, pero también 'Tesis', 'Mar adentro' y 'Ágora'. El corto 'Allanamiento de morada' es suyo y la maravillosa 'Blackthorn', también. Aunque en esta solo dirigía.
¿Alguien lo duda? No creo. ‘Vanilla Sky’ es otra cosa, más una película romántica que un thriller existencialista como puede ser ‘Abre los ojos’. Pero lo cierto es que para Amenábar fue algo más que su segunda película o su confirmación como director, fue su puerta de entrada a Hollywood. De ella se enamoró Tom Cruise, a la postre productor de su tercer largometraje, ‘Los otros’. El remake americano fue el peaje que tuvo que pagar.
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