28 de mayo de 2015

10 cosas que puso de moda ‘El príncipe de Bel-Air’

Por M. J. Arias

Eran los noventa. Un chico llamado Will Smith irrumpía en una familia de estirados, los Banks, en un barrio de alto standing , Bel Air, y lo ponía todo patas arriba con su look colorista, sus gorras, sus andares y sus expresiones ¿de clase baja? Will Smith había llegado para quedarse y convertirse en un icono de la televisión de los noventa que puso de moda muchas cosas e hizo las delicias de toda una generación que se congregaba a la hora de comer ante el televisor para ver cómo sacaba de quicio a su tío el letrado con sobrepeso y hacía enverdecer de envidia a su primo el empollón de estatura disimulada. ‘El príncipe de Bel-Air’ llegó para quedarse. Él y esas diez cosas que puso de moda. Por fortuna, alguna ha caído ya en el olvido.

Fue el comienzo de Will Smith como Will Smith. El Will Smith divertido, irreverente y pasado de rosca. Tenía 22 años y su entrada en el mundo de la actuación fue triunfal. Durante seis temporadas se interpretó a sí mismo (esa impresión daba) en una serie que lo catapultó a la fama y le permitió rodar películas como ‘Dos policías rebeldes’ o ‘Independence Day’. Le costó desprenderse de esa imagen de guaperas juerguista, pero lo consiguió con el cambio de siglo gracias a ‘Ali’ y, un poco, a ‘La leyenda de Bagger Vance’.

El saludo de toda una generación. Así, con un choque de manos, pulgar hacia atrás e inclinación de cabeza al ritmo de ‘¿Qué pasa Jazz?’ era como Will saludaba a su amigo Jazz cada vez (y eran muchas) que se encontraba con él. ¿Quién no lo repitió con sus amigos?

Eran toda una horterada, hay que reconocerlo, pero en su día molaron o eso nos hicieron creer. Esas gafas de cristales superpuestos con los de sol por encima de los de ver. Hubo algún atrevido que se las compró y paseó orgulloso con ellas.

El rap no lo inventó Will Smith, eso está claro. Como lo está que lo puso de moda para toda una generación de adolescentes, la de los noventa, que lo descubrieron y amaron con él. La canción de la intro de la serie era de lo más pegadiza. “Ahora escucha la historia de mi vida, de cómo…” Así rezaba la letra. ¿Recuerdas cómo seguía?

Vamos, las pintadas con un estilo propio como la de la imagen. En la de líos que se habrá metido más de uno por emular a su ídolo spray en mano y ser pillado decorando una pared ajena o propia. Las madres nunca han tolerado demasiado bien eso de que sus críos pinten las paredes.

Carlton Banks, al que interpretaba Alfonso Ribeiro, era un personaje tan ridículo como entrañable. En el fonda daba ‘penica’, sobre todo cuando se esforzaba en ser divertido. Su destartalado baile era todo un espectáculo. Tenía estilo propio y era difícil seguirle cuando se dejaba llevar.

Tom Jones ya era una estrella de la música cuando nació ‘El Príncipe de Bel-Air’, pero muchos lo descubrieron gracias a Carlton y su pasión ‘It’s not unusual’. ¿Os acordáis de aquella escena del primo de Will? Cuando micrófono en mano y en batín se arrancaba a cantar después de que entrase en el salón de su casa, como levitando y entre una nube de humo, el mismísimo Tom Jones, que le hacía las veces de ángel de la guarda.

El uniforme del colegio al que acudían los Banks y su primo era como todos, serio y aburrido. Hasta que llegó Will y decidió que molaba mucho más ponerse la chaqueta del revés, con el colorido forro a la vista de todos, sobre todo de un director que se la tenía jurada.

Un complemento de ayer y de hoy que en los noventa se puso muy de moda. Will tenía de todos los colores y eran parte de su personalidad. De esas con la visera bien grande.

En Estados Unidos es uno de los deportes más seguidos y venerados, así que al público de allí no le descubrió nada nuevo la serie. Pero muchos fueron los que se animaron en España a echarse unas canastas en un país donde el deporte rey es el fútbol.

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