30 de octubre de 2017

20 años de Titanic: Así nos enamoró

Por Cristina Domínguez

El 1 de noviembre se cumplen 20 años (¡20 años ya!) desde que el barco de los sueños naufragara dejando más lloreras en salas de cine que botes salvavidas traía el Titanic. Con motivo de este aniversario tan especial vamos a daros los cinco motivos por los que este clásico del cine estará por siempre en nuestros corazones:
Y es que no todos los directores pueden hacer lo que hizo con la historia de uno de los naufragios más conocidos de la historia. Bien es verdad que un gran presupuesto puede hacer maravillas, pero si detrás de este no hay una mente pensante que sepa ejecutar con maestría cada escena, no funciona. James Cameron aportó a la historia del cine una obra en la que el amor, los sueños y la muerte pueden combinarse en un cóctel explosivo de grandiosidad. Y no solo lo decimos nosotros, lo dicen las 11 nominaciones al Oscar que consiguió la película.
Y es que por aquel entonces algunos le conocían por ¿A quién ama Gilbert Grape? (Lasse Hallström) o Romeo + Julieta (Baz Luhrmann), pero nadie supo verdaderamente de su existencia hasta 1997, cuando irrumpió en los corazones de hordas de adolescentes que buscaban a su Jack Dawson. La película podría haber sido la mitad que buena, que mientras DiCaprio  hubiese salido en ella nos habría embelesado igual.
Y es que fue un papel muy potente el que encarnó Kate Winslet. Rose Dewitt debía casarse con un hombre al que no amaba por dinero y debía seguir a rajatabla todo cuanto le decía su madre, pero se reveló. Casi se asfixia con aquel dichoso corsé (gran metáfora), no se la permitía decir ciertas cosas, no podía fumar. En definitiva no podía ser ella misma, y cuando conoció a Jack decidió hacer todo cuanto quería hacer y liberarse su condición social. Y no, no fue gracias a un hombre, fue gracias a la libertad que éste hombre no le quiso quitar.
Cómo se retratan los estratos sociales de principios del S.XX es otra de las razones que nos enamoró del largometraje, tanto en su cultura como en sus formas de ocio, relaciones sociales o amorosas. Muestra cómo todo es movido por el dinero y cómo, cuando éste queda a un lado, el lado más humano sale a relucir.
Ostentosa, exquisita, impecable. El diseño de cada escenario es soberbio. Los pequeños detalles: los marcos de las puertas, la cubertería, los peinados… todo conforma un retrato con mucho gusto de la época. Los vestidos que Rose lleva a las cenas, las camisas gastadas que Jack viste en los camarotes de tercera clase. Le aportan un realismo y una personalidad que fue parte importante de conformar el todo que hizo que en 1997 muriéramos con Jack sujetos a aquella tabla.
Seguro que leyendo esto has recordado la mítica banda sonora cantada por Céline Dion o la banda de músico tocando hasta los últimos momentos de la embarcación. Y es que Titanic es una de esas películas que todos vemos una vez en la vida y con la que fantaseamos, aunque sepamos que la historia de Rose y Jack fue solo un pequeño (y trágico) cuento de hadas.
Fotos: Getty Images