10 de marzo de 2017

40 años de 'Taxi Driver'

Por Claudia Lorenzo

Sí, lo sabemos, en Estados Unidos Travis Bickle aterrizó en febrero de 1976, pero a España llegó algo después, un 10 de marzo de 1977 en el que Robert De Niro ya era muy famoso, ya tenía un muy merecido Óscar y ya había encarnado a un icónico Vitto Corleone. Nada nos había preparado para Travis ni para esa zambullida de su actor, su director y su guionista en lo más profundo de la soledad humana. Aquí, detalles sobre la película que ganó en el Festival de Cannes pero que, en su proyección, también obtuvo algún abucheo. La historia ya la ha colocado en su sitio.
El guionista Paul Schrader pasó una temporada horrible mientras vivía en Los Ángeles, sin amigos, sin trabajo, sin esposa (se estaba divorciando), sin novia (que le había rechazado) y sin nadie con quien hablar durante días. En esos momentos, se dedicó a la sana práctica de frecuentar los cines porno y obsesionarse por las armas, a la vez que trabajaba como repartidor de un restaurante de pollos. Y cuando salió del agujero, se puso a contarlo. Sin embargo, en vez de ser él mismo el personaje central, el guionista decidió relatar la historia a través de un veterano de Vietnam, porque el trauma sufrido por Estados Unidos a causa de esa guerra era muy parecido al que Schrader quería encarnar en Travis. Y mudó la historia a la costa este. Cuando Schrader por fin acabó el guión (en diez días y acompañado de una pistola, como método de motivación ‘sui géneris'), se dio cuenta de que había hecho un análisis de la patología de la soledad, contando cómo alguien se sentía solo y, a la vez, empujaba a la gente lejos de él, sintiéndose aún más solo y aumentando su aislamiento.
Martin Scorsese no fue el primer candidato para ocupar la silla de dirección de ‘Taxi Driver’ (ese honor le corresponde a De Palma) pero sí uno de los grandes enamorados de su libreto. Con la película quería provocar en el espectador la sensación de estar siguiendo la historia medio drogado, en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia. En una entrevista con Roger Ebert, Scorsese dijo que era su película más feminista, porque demostraba que el concepto de hombre-macho solo tenía una conclusión posible y que aquel hombre que sólo era capaz de percibir a las mujeres como putas y santas al final iba de cabeza a una vida llena de problemas.
35.000 dólares. Eso había firmado De Niro cuando se comprometió a trabajar en la película. Sin embargo, en el medio ganó el Óscar por ‘El Padrino II’, su cara se hizo más conocida y su caché aumentó. Hay que decir que le honra no haber pedido más dinero entonces. Aparentemente, Columbia no era partidaria del proyecto y buscaba cualquier excusa (como un actor ambicioso con ganas de sacar más tajada) para cancelarlo. Pero no fue así, Roberto cumplió el trato ya hecho. Y además, como se dedicó a conducir durante horas por Nueva York para prepararse para el papel, tuvo ocasión de comprobar su fama y admitió que sólo una persona entre todos los clientes que había recogido había sido capaz de situar su cara entre los astros de la gran pantalla.
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Jodie Foster no hubiese podido ir a un cine a verse a sí misma interpretar a Iris, por la calificación R que tenía la película y porque la entonces niña-actriz se hizo cargo del personaje con solo 12 años, por delante de actrices como Carie Fisher, Mariel Hemingway, Michelle Pfeiffer o la que más puntos tuvo para llevárselo, Melanie Griffith (a lo que Tippi Hedren, su madre, se negó rotundamente). El papel era tan complejo que la actriz tuvo compañía en rodaje de trabajadores sociales, terapeutas y su hermana mayor, de 19 años, que hizo de su doble de cuerpo en las escenas que Foster, legalmente, no podía rodar. El chiflado de John Hinckley se obsesionó con la niña y, para llamar su atención, decidió atentar contra el presidente Ronald Reagan (sin éxito). Foster dice que, en parte para distanciarse del papel de Iris y, en parte, para distanciarse de Hinckley, años después aceptó el papel de Clarice en ‘El silencio de los corderos’.
“Queremos a alguien que se parezca a Cybill Shepherd”, dijeron los productores de ‘Taxi Driver’. “¿Y por qué no llamáis a Cybill Sheperd?”, contestó la agente Sue Mengers. Y así fue, aunque por lo visto la relación entre la actriz y el director no fue especialmente amistosa y él se quejaba de que tenía que recordarle sus diálogos cada dos por tres.
El verano de 1974 fue especialmente agobiante en la Gran Manzana. Además de la ola de calor que asolaba las calles de la ciudad, la basura (por una huelga) invadía las aceras y hacía que el ambiente fuese agobiante e irrespirable. En ese entorno se pusieron los miembros de equipo de ‘Taxi Driver’ a rodar, impregnando la película de una sensación de angustia y encierro esencial para la historia.
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