20 de diciembre de 2016

5 cosas que no pueden faltar en una buena película navideña de sobremesa

Por M. J. Arias

El de sobremesa debería ser un género en sí mismo. Y el navideño de sobremesa, un subgénero. Porque por mucho que a veces se utilice este adjetivo para descalificar una película, en realidad no tiene porqué ser malo. Tiene que haber películas para todos los gustos, calidades y momentos del día y en esta época que ahora nos toca afrontar una de esas películas después de comer, con una mantita en el sofá, pues entra muy bien. Obviamente, en esta categoría no pueden incluirse títulos como '¡Qué bello es vivir!', 'Solo en casa', 'Pesadilla en Navidad' o 'Serendipity', pero no todo vale. Para ser una buena película navideña de sobremesa hay que cumplir, al menos, cuatro de estos cinco requisitos.
No puede faltar. No tiene porque ser verde y feo, pero en este tipo de película siempre tiene que haber algún descreído de la Navidad. Esa persona que odia estas fechas, que rehúye cualquier tipo de tradición o quedada. Son de ese tipo de gente que se pone las gafas de sol para que no le deslumbren las luces navideñas y que usa tapones para evitar oír los villancicos de turno. Si pudiese, se metería en un búnker el día 23 de diciembre y saldría de él el 8 de enero.
En cualquier película navideña de sobremesa que se precie tiene que haber un niño sí o sí. Es indispensable. Será por la inocencia que transmiten, por su credulidad o porque irradian espíritu navideño, pero tienen que estar. Puede ser el vecino de turno o el hijo/hija del personaje descreído que ayudará a su progenitor a encontrar el niño que una vez fue en su interior para que disfrute de nuevo de estas fechas.
Aquí está la clave, porque sin esto no hay nada que hacer. Tampoco hace falta que sea un milagro literalmente. Es decir, que no es necesario que el mismísimo Santa Claus se aparezca en cuerpo y trineo presentes ante nadie para que crean en él. Si lo hace, bienvenido será, pero basta con el tintineo de unos cascabeles en el momento oportuno, con una buena obra a tiempo o con, no sé, un despertar del coma en Navidad. Cualquier cosa que uno pueda llamar milagro.
Cualquier época del año es buena para enamorarse. Así que la Navidad no iba a ser menos, si no más. Porque entre árboles con bolas, luces por todos lados y villancicos, muchos se ponen tontorrones y al final Cupido, aunque no sea su momento, acaba colándose por ahí. Y mucho más si es Nochevieja, que los tiros largos, los cotillones y las fiestas dan mucho juego en estos casos. Si, al alcohol, también.
En España no es muy habitual, pero como la mayoría de las películas navideñas de sobremesa nos llegan desde Estados Unidos o Alemania, la nieve va en el guion. La Navidad siempre es más Navidad si hay nieve y, además, da pie a escenas tan recurrentes en este tipo de películas como una buena pelea de bolas o esa caída tonta que propicia que dos personajes se acerquen.
Artículo escrito por losExtras.es
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