20 de marzo de 2015

5 formas de hacer thrillers que desaten carcajadas

Por Pedro Moral

El thriller es un género que se puede convertir en tragedia, en romance o incluso en comedia, comedia negra eso sí. Y a lo largo de la historia del cine más reciente multitud de títulos han intentado manejar el tempo del género criminal con la audacia de los diálogos propios de una gran comedia negra. Algo así como intentar mezclar a Alfred Hitchcock con Luis García Berlanga. Algunos directores han fracasado estrepitósamente en el intento y otros han sentado cátedra. En cualquier caso, la historia nos ha demostrado que solo hay cinco formas en las que se puede hacer un buen thriller cómico.

Al estilo escandinavo

Ellos, los escandinavos, parecen serios y fríos, como la tierra en la que viven y sin embargo su sentido del humor es tan fino y elegante como el de cualquier inglés. No necesitan diálogos desternillantes ni cáscaras de plátano para hacer reír, en su cine todo se resuelve con silencios y miradas, incluso la comedia negra. Aki Kaurismäki lo demostró en su maravillosa 'Contraté a un asesino a sueldo' en la que un hombre con depresión crónica, un infeliz cualquiera, contrata a un asesino a sueldo para que acabe con su vida, ya que él no se atreve. Sin embargo, un día conoce a una mujer que alumbra su penosa existencia y decide abortar misión. El problema es que necesita encontrar al asesino antes de que este cumpla con el encargo. Jean-Pierre Léaud hace un trabajo sutil y tremendamente gracioso en esta gran película.

Con un poco de neo-noir  

Los hermanos Cohen inventaron revolucionaron el concepto neo-noir con esa terrible comedia repleta de sangre titulada 'Fargo'. En esta película de escasa hora y media hay material suficiente para hacer una serie, un sórdida y maravillosa serie de ficción que, sí, ya existe y es buenísima. En la película original William H. Macy interpreta a otro infeliz casado con la hija de un millonario que decide contratar a dos delincuentes para que secuestren a su mujer y así poder montar un negocio con el dinero del rescate. Las cosas, como no podían ser de otra forma, salen mal. Pocas veces los Cohen han retratado su patria con tanta fiereza y tanta mala baba.

¿Como lo haría Guy Ritchie?

El director que supo extender este subgénero, hacerlo internacional y convertirlo en cine palomitero fue Guy Ritchie y su 'Snatch. Cerdos y diamantes', una película que marcó el devenir del thriller en la década de los 2000. Una enrevesada comedia negra repleta de ganster, robos, crímenes y un Brad Pitt haciendo de gitano boxeador que decía eso de "¿Te gustan los chuchos?" y se entendía eso otro... Ya sabéis. El estilo que fundó Guy Ritchie con esta película es inconfundible, montajes enrevesados, decenas de personajes que entrecruzan sus historias, banda sonora indie, sangre, sexo...

El patetismo se muda a Brujas

'Escondidos en Brujas' se convirtió en una película de culto instantánea. Martin McDonagh cogió el humor negro de su compatriota Guy Ritchie y lo llenó de patetismo. El resultado fue un thriller con tintes dramáticos en el que dos asesinos a sueldo, el gran Colin Farrel y el todavía más grande Brendan Gleeson, fracasan estrepitosamente en una operación y reciben la orden de su jefe, el aún más grande Ralph Fiennes, de abandonar Londres para airearse en Brujas. En esta ciudad medieval los dos hombres se enfrentarán a sus demonios mientras no paran de pasar de una absurda situación a otra. Por otro lado esta película es la más humana del subgénero. 

Con personalidad y a la española

En nuestro país también hemos sabido definir nuestro propio estilo en la comedia negra y el thriller y los hemos juntado muy bien en películas como 'Carne de Neón' e 'Impávido'. Este filme de Carlos Therón es quizá uno de los títulos más locos de nuestra filmografía más reciente. 'Impávido' tiene varios ingredientes que la hacen única: un guión absolutamente desquiciado, escenas de acción elaboradas con mano firme, un protagonista bobo y entrañable que solo lo puede interpretar Julián Villagrán y un villano con el rostro de Nacho Vidal, nuestra máxima estrella del porno. Esta película sobre un adicto al juego que se dedica a robar coches y que además también se enamora y acaba en la carcel por todos estos motivos anteriores es demasiado divertida.

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