16 de septiembre de 2015

5 razones por las que ‘El corredor del Laberinto: Las pruebas’ merece una oportunidad

Por Rubén Miguélez   Este viernes llega a las salas de nuestro país la segunda parte de la adaptación al cine de la trilogía de 'El corredor del laberinto' y, aunque a priori no parecía más que una película más sobre adolescentes atrapados en una sociedad distópica, la realidad es que nos encontramos con una película de lo más acertada y entretenida. Es por eso que ahora ofrecemos cinco razones por las que darle una oportunidad también a El corredor del laberinto: las pruebas.  
1. Sabe reutilizar el punto de partida de la primera parte En un panorama cinematográfico en el que los futuros distópicos están a la orden del día, adaptar una novela que sitúa a un grupo de jóvenes en un universo en el que a ninguno nos gustaría formar parte es todo un reto. Sobre todo por la cantidad de veces que se está haciendo. En 'El corredor del laberinto' nos encontrábamos con un joven (Thomas) que despierta en un ascensor sin recordar absolutamente nada de su pasado, ni siquiera su nombre. Cuando el ascensor llega a su destino, el joven se encuentra en un claro y una multitud de chicos le recibe. Este claro está rodeado de altos muros de piedra y, al otro lado, un mortal laberinto. La primera parte era una acertada aventura adolescente sobre cómo escapar del claro, ahora, una vez fuera, esperamos encontrarnos una aventura a la altura.   
2. Una primera parte que, además, no pecó de exceso de ambiciones Wes Ball conseguía lo que se propuso con El corredor del laberinto: adaptar un libro que ha sido un éxito entre adolescentes de todo el mundo y no dotarlo de una seriedad exagerada o de convertirlo en una sucesión de escenas de acción en la que el espectador no reciba tregua alguna. 'El corredor del laberinto' es, en su género, una buena película. Estamos ante 113 minutos de entretenimiento sin más pretensión que hacer disfrutar a su público objetivo y proponer una historia interesante. Y esto que se propone, lo consigue. Si uno está harto de películas que quieren redescubrir el género o "marcar a una generación" y mueren en el intento, esta es su saga.  
3. Se aleja de un formato demasiado similar a 'Los juegos del hambre'.  Tras el aplastante éxito de la saga protagonizada por 'Los juegos del hambre', crear una sociedad distópica protagonizada por adolescentes (o adaptar un libro que ya plantee esta historia, que es la nueva moda) se convierte en todo un reto, el de no parecer una copia del producto anterior. Y si no, que se lo pregunten a la saga 'Divergente', que no termina de conseguir que nos creamos que no nos quieren vender a Shailene Woodley como la nueva Jennifer Lawrence. En este caso, hablamos de un héroe adolescente masculino, no encontramos un triángulo amoroso y los jóvenes centran (por ahora) sus motivaciones en lo que es realmente importante: descubrir qué está ocurriendo.   
4. Cuenta con protagonistas con el suficiente carisma. Dylan O'Brien encabeza un casting de jóvenes actores que se encuentran muy acertados en 'El corredor del laberinto'. El actor de Teen Wolf (O'Brien) es todo un acierto, encarnando a la perfección el ideal de héroe adolescente que necesita una película de estas características. A su lado, Kaya Scodelario como Teresa, la única chica que entró al claro y la última persona en llegar allí. Completan el acertado casting caras conocidas como las de Thomas Brodie-Sangster (más conocido como el jovencito carismático de Love Actually) y nombres de mayor renombre como Patricia Clarkson.   
5. Hay ganas de más Para tener ganas de darle una oportunidad a 'El corredor del laberinto: Las pruebas', lo más importante era que su primera parte nos dejara con ganas de más. La historia del claro tenía un límite, y aquello no podía dar para una trilogía de chavales intentando escapar de un laberinto. El giro final de la primera parte y la huida a un mundo que puede ser mucho peor que aquel en el que se encontraban provoca en el espectador unas irremediables ganas de ver más, de saber qué es lo que va a ocurrir después. Y eso, como espectador, es el principal motivo por el que debemos ir a ver esta segunda parte. 

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