15 de julio de 2016

Cinco razones por las que tener visiones no mola nada

Por M.J. Arias

'Premonición' llega esta semana a la cartelera con un duelo de mentes prodigiosas entre Anthony Hopkins y Colin Farrell. Ambos interpretando a dos hombres con visiones que las utilizan cada uno a un lado de la ley. Ninguno lleva una vida fácil y normal, porque por muy tentador que pueda parecer, esto de tener visiones no tiene ningún glamour. Vamos, que no mola nada y el cine no se cansa de demostrárnoslo. Estas cinco razones te convencerán de ello.
Ese es el principal problema e inconveniente en esto de tener visiones y premoniciones. Como lo cuentes, estás perdido. La mayoría del quienes lo sepan te tratarán de loco, te encerrarán, mandarán a visitar al psiquiatra y te llenarán de pastilla de todo tipo y color. Y los que te crean, que alguno habrá, lo más seguro es que intenten sacar algo de ti. Y no en plan, "anda, dime si le gusto a este o aquella", si no más bien "solucióname este asesinato o dime la combinación ganadora de la lotería". Ahí estaba el caso de Cate Blanchett buscando a una mujer desaparecida en 'Premonition' o Matt Damon haciendo de samaritano de la muerte en 'Más allá de la vida'.
Y no es para menos. Si cada vez que te duermes te interrumpe una visión del futuro o el pasado o cada vez que estableces contacto humano con alguien te da un flashazo mental, así no hay quien lleve una vida medianamente normal. ¿Os acordáis de Sandra Bullock en 'Premonition – 7 días'? Era una mujer cuyo marido se muere y a la mañana siguiente aparece tumbado a su lado en la cama. Resulta que lo que le ocurre es que tiene visiones de lo que ocurrirá y vive la muerte de su marido antes de que ocurra. Así que se vuelve tarumba intentando impedirlo.
Parece inevitable. El Gobierno o más bien sus fuerzas del orden y la ley requerirá tus servicios. Lo más seguro es que la mitad de los agentes no se crea eso de tus visiones, pero por si acaso, te pedirán que les ayudes con los casos más sangrientos, crueles y difíciles. Le pasa a Anthony Hopkins en 'Premonición', pero también a los precognitivos de 'Minority Report' (a los que tienen explotados). Es en plan, no me creo lo que me cuentas, pero por si acaso quédate por aquí, date un paseo por la escena del crimen… a ver qué me cuentas. Aunque en las películas mencionadas sí que se lo creen, es cierto.
Está visto que no, porque tener visiones sobre lo divertido que será la próxima fiesta de empresa o el mayor descubrimiento del siglo no vende. Para que sea carne de guión tienen que ser premoniciones chungas y cuanto más, mejor. Y no tiene porqué ser solo de hechos futuros o pasados. También se pueden tener visiones del tipo ver cosas que nadie más ve y quedarse un poco pasado de rosca con ello, como le pasaba a Keanu Reeves en 'Constantine'. Aunque quien peor lo llevaba era Rachel Weisz. O el caso de Devon Sava en 'Destino final'. Ahí que ver la que monta en el avión. Eso sí, su numerito le salva la vida.
Y tanto que lo hará. Ahí está el niño de 'El sexto sentido', traumatizado de por vida porque veía muertos todo el rato y no todos eran tan amables y con un aspecto tan saludable como el de Bruce Willis. Y luego, para traumados, el pequeño de 'El resplandor' con su manía por hablar con el dedito de marras y sus tétricos paseos por pasillos encharcados en sangre. Quizá algo así es lo que le pasó al personaje de Colin Farrell en 'Premonición' y por eso se convierte en un asesino. Ya lo desvelará la película.