26 de febrero de 2015

6 escenas míticas que no estaban en el guión

Por M. J. Arias

Nunca fueron escritas, pero ya sea por la improvisación de sus protagonistas, por la del director o por simple casualidad, estas escenas no planeadas pasaron a formar parte de la historia del cine desde su primera proyección. Todo el mundo las recuerda. Son divertidas, inquietantes, siniestras o, simplemente, geniales. Y las hay en títulos de todo tipo, desde ‘El Padrino’ de Francis Ford Coppola a ‘Pretty Woman’. Pasean, vean y disfruten de ellas una vez más. Ahora sabiendo que no estaban en el guión y cuál es la historia que esconden.

Overbooking en el camarote (‘Una noche en la ópera’)

Es una de las escenas más divertidas que nos ha dejado el cine de los hermanos Marx. Tanto, que hasta ha dado lugar a una frase hecha, ‘esto parece el camarote de los hermanos Marx’. Aquel ir y venir de gente en un espacio tan reducido en realidad no estaba previsto. Cuentan que fue una especie de reto del director de ‘Una noche en la ópera’, Sam Wood, quien para poner a prueba el genio improvisador de Groucho empezó a llamar a extras y más extras para que entrasen en escena. Al final les quedó tan divertido que decidieron incorporarla al metraje final. Desternillante.

Espada contra pistola (‘En busca del arca perdida’)

Quién no recuerda aquella divertida escena de la saga Indiana Jones en la que el enemigo vestido de negro del arqueólogo se marca toda una exhibición de manejo de la espada ante la atónita mirada de los presentes y el propio doctor Jones, que con cara de cansancio saca su pistola y acaba con el duelo en un segundo. La idea original era que ambos personajes protagonizarán un duelo de espadas, pero dicen que Ford estaba tan cansado de la escenas de acción y del calor reinante que lo solucionó por la vía rápida. Un disparo y a otra cosa.

El estuche hambriento (‘Pretty Woman’)

La carcajada de Julia Roberts al verse ‘mordida’ por el estuche del suntuoso collar que le regalaba Richard Gere en ‘Pretty Woman’ era tan convincente porque era real. No estaba en el guión. Lo de que la caja se cerrase de golpe cuando Vivian acercaba su mano a la joya fue cosa de Gere, que le dio por bromear con su partenaire. La risa quedó tan sincera y la escena tan natural que la incorporaron al montaje final.

El gato en el regazo (‘El Padrino’)

No está muy claro cuál es el origen del gato de ‘El Padrino’, pero el caso es que la imagen de Don Vito acariciando al minino mientras escucha las quejas de un padre que pide venganza por el maltrato a su hija es una de las más recordadas de la mítica película de Francis Ford Coppola. Existen dos versiones de la historia de cómo llegó el gato al regazo de Brando. Una asegura que se lo puso el director justo antes de gritar ‘¡Acción!’. Otra, que el actor se lo encontró pululando por allí y decidió incorporarlo a la escena. Esa misma en la que Don Vito le echa en cara a su interlocutor el que le dejase de lado.

Me estás hablando a mí (‘Taxi Driver’)

Increíble, pero cierto. Una de las mejores y más repetidas frases del cine nunca fue escrita. “¿Me estás hablando a mí?”. No estaba la frase, pero sí la escena. El guión decía que el personaje mantenía una conversación consigo mismo en el espejo. El resto fue cosa de De Niro. Aquello de “You talking with me?”. Toda una lección de cómo convertir una morcilla en historia del cine.

El ‘ruidito’ de Lecter (‘El silencio de los corderos’)

Es uno de los sonidos más desagradables e inquietantes que ha dado el cine. Ese que produce Hannibal Lecter cuando le describe a Clarice aquella cena a base de hígado humano y un buen Chianti. Todo mérito de Anthony Hopkins, que estaba tan metido en el papel que se dejó llevar e improvisó ese sonido que pone los pelos de punta.

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