15 de diciembre de 2017

Alta Tensión: El Nuevo extremismo francés llega a la noche de los viernes

Por Alberto Hernando

La matanza de Texas
, Halloween, Pesadilla en Elm Street, Scream... hasta entonces el terror y, especialmente, el slasher parecía patrimonio exclusivo de Estados Unidos, pero en los primeros años de los dos miles una serie de películas francesas demostraron que no tenía por qué ser así. Que sus psicópatas obsesionados con perseguir y matar adolescentes, sus maizales, su brutalidad y sus jóvenes hormonados nada tenían que envidiar de los americanos. Hablamos de películas como Alta tensión  (Haute tensión, Alexandre Aja, 2002), capaces de dividir al público y a la crítica con litros de sangre en el país del cine de autor, de los Godard y los Truffaut; de llegar a los EEUU y causar revuelo y la censura de sus mejores escenas; y de contribuir a toda una tendencia que se llamara Nuevo extremismo francés.
«Tanto Bava como Bataille, y sin ser Salò menos que Sade, parecen las influencias clave de un cine que repentinamente está decidido a romper cada tabú; a vadear ríos de vísceras y espumas de esperma, a llenar cada fotograma con desnudez, atractiva o arrugada, y someterla a toda forma de penetración, mutilación y corrupción». Así describía a estas películas James Quandt en el artículo que bautizó el movimiento. Alta tensión no es la más extrema, pero sí una de las películas que más se adscribieron a un género concreto, el slasher, para jugar con sus convenciones.
Marie ha sido invitada por su mejor amiga de la universidad a pasar unos días con su familia en su casa del campo, desconectando en una granja de la Francia rural aislada entre maizales y estudiando para los exámenes. Ese es el plan. O lo era hasta que un misterioso asesino mata a toda la familia y secuestra a la amiga de Marie con la idea de violarla y quién sabe qué más, o en qué orden.
Hasta entonces todo iba bien. Llegaron sin problemas, Marie conoció a los padres de ella y a su hermano pequeño, subió a la habitación de invitados, contempló el cuarto con muñecos de cuando su amiga era niña y comenzó a masturbarse. Como en tantas películas del género es la pulsión sexual lo que atrae al asesino. En este caso, Phillipe Nahoh como un maniaco grande, grasiento e implacable, equipado con una gorra costrosa que oculta su rostro y una navaja de afeitar; conduce una furgoneta oxidada y destartalada y parece salido de las pesadillas de un subconsciente trastornado.
Las adolescentes, la carretera rural, los maizales, la casa amenazada e invadida, la pulsión sexual de fondo, el maniaco asesino... hasta aquí podría tratarse de una película americana de terror de los 70 o los 80. Pero Alta tensión homenajea al género para darle otra vuelta de tuerca y de gore.
Alta tensión es un thriller muy inteligente. Como sus protagonistas. Marie es rubia como tantas otras adolescentes del género, pero lleva el cabello corto y no tiene ni un pelo de tonta. Cuando el maniaco asesino irrumpe en el hogar de su amiga, ella, en el cuarto de invitados, borra cuidadosamente cualquier indicio de que estuvo allí. Pero la brutalidad del asesino tampoco riñe con la inteligencia y, con una meticulosidad que crispa los nervios, examina el cuarto de arriba abajo. La tensión ya no desaparecerá en toda la película, convertida en un juego entre el gato y el ratón en el que víctima y asesino parecen compartir la misma inteligencia y coraje.
Pocas películas del genero tenían entonces una protagonista capaz de salir en busca del asesino que secuestró a su amiga mientras suena Muse en la banda sonora. Y es que entre las variaciones que Alta tensión aporta al género se incluye una protagonista magnífica y un trasfondo lésbico cargado de detalle: cuando el maniaco la busca en su cuarto, por ejemplo, el único indicio que encuentra, al tacto, es un rastro de humedad en la boca del grifo.
La película sorprende sobre todo por la brutalidad de sus escenas y su violencia explícita, por la voluntad de romper los tabúes establecidos. Tanto es así que en Estados Unidos tuvieron que cortar varias escenas. No se pueden contar sin spoiler, pero baste decir que incluyen una decapitación, una motosierra, un asesinato visto desde el interior de un armario y una navaja de afeitar.
Al final, lo que más dividió al público y a la crítica fue el giro de guion de los últimos minutos. Venía anunciado desde la primera escena y consistía en hacer explícito algo que estuvo en el género desde sus orígenes y presente a lo largo de toda la película, pero dar carne y hueso y realismo a lo que hasta entonces era una convención genérica se sintió como una verdadera ruptura. Desde entonces el público se divide entre quienes consideran el final de Alta tensión una trampa imperdonable y los que aplauden la voluntad de una película que de principio a fin rompía tabúes y convenciones a través de lo explícito.
Alta tensión, terror francés: tomen nota.