21 de noviembre de 2017

Carcajadas en la guerra con ' Good morning, Vietnam'

Por David G. Maciejewski


Vietnam es una olla a presión que puede estallar en cualquier momento, pero Adrian Cronauer (Robin Williams), el DJ más excéntrico y mordaz de la radio local del Ejército de los Estados Unidos en Saigón, no ceja en su empeño por mucha desgracia que se cierna sobre su entorno. Su carácter irreverente e insubordinado lo convierte en un incordio entre los altos rangos militares, pero a la vez en uno de los cómicos más solicitados por los soldados del frente, que desconectan de las desgracias del conflicto bélico cada vez que escuchan su emblemática presentación, encabezada por un Good Morning, Vietnam a toda pastilla seguido de chistes desternillantes y los mejores clásicos del rock del momento. Y esto es lo que convierte a Good morning, Vietnam en una cinta imperdible...
Por muchas veces que se escriba no va a ser suficiente: Robin Williams se come la pantalla. Él es Good Morning Vietnam. Williams es la risa, la carcajada y el descanso del horror y la degeneración humana en la Guerra de Vietnam. Su voz, su facilidad para ser gracioso contando chistes absurdos y su fuerte personalidad lo convierten en el paradigma del éxito: nada escapa a su interpretación. Es perfecto; todo funciona gracias a él. Y aunque en algunos momentos el guión de la película se vaya por derroteros que poco tienen que ver con el humor, Williams sigue ahí, más refulgente que nunca, manteniendo el nivel.
Si por algo destaca Robin Williams es por ser un actor polifacético capaz de adaptarse a cualquier registro interpretativo. Aunque el personaje de Cronauer lleva la comedia en la sangre, también tiene sus momentos de frustración y miedo. Williams cumple en todos los registros y pasa fácilmente de desternillante locutor a hombre atormentado por la maltrecha relación que establece entre una joven vietnamita y su hermano, miembro del Vietcong.
Cronauer es un hombre justo que odia la mentira. Su insubordinación no llega solo de la mano de programas improvisados que no siguen ningún esquema preestablecido, sino que se la juega para dar noticias reales saltándose la censura oficial, aunque con ello despierte la ira de los sargentos y coroneles del regimiento.
A pesar de ser una comedia en toda regla, Good Morning Vietnam contextualiza su historia en un lugar y una época de conflicto. En ningún momento trivializa la desgracia humana, sino que recuerda que a pesar de todo lo malo uno siempre puede hacer más liviana la existencia a través de la comedia.

La escena en la que Cronauer se encuentra con un regimiento de jóvenes que van al campo de batalla (probablemente a morir como carne de cañón) es tan divertida como trágica: los soldados ríen a carcajadas con las excentricidades del cómico, pero saben que cuando acabe la risa solo quedará el miedo. Cronauer es consciente, pero su mirada es capaz de despertar esperanza entre tanta barbarie.
Good morning, Vietnam es un fiel retrato de cómo ni en las situaciones más desesperantes debemos perder la esperanza en el poder transformador del humor. Si queréis pasar un buen rato y buscáis ver a Robin Williams en la cúspide de su carrera no os podéis perder esta joya.