14 de septiembre de 2017

Cinco cosas que aprendimos de Patrick Swayze

Por María Robert

Patrick Swayze era uno de esos ejemplares rara avis del universo hollywoodiense. Valía, como dicen las abuelas, lo mismo para un roto que para un descosido. Bailaba, cantaba, actuaba, y hasta componía (suya es la letra y la interpretación de una de las canciones de la banda sonora de Dirty Dancing, She's Like The Wind). Aparte de un porrón de instantes cinematográficos inolvidables, aportó al mundo valiosas lecciones que supo transmitir a través de las carismáticas personalidades de sus personajes. Como estas.
¿Es "Nobody puts Baby in a corner", en castellano traducida como "no dejaré que nadie te arrincone", una de las frases más horteras de la historia del cine? Seguramente. Aunque, mal que nos pese, es otra de las razones por las que idealizamos Dirty Dancing. Aplicada a cada uno, sin colocar las expectativas en la llegada de un irreal Johnny Castle al rescate, la oración de marras es más que útil para darle caña a la autoconfianza y aprender a valorarse que un curso de autoayuda acelerado.
Aparte de la inverosimilitud de que exista un hombre como Johnny en el mundo real, a Dirty Dancing le sale la vena fantástica (aunque encantadora, por otra parte) con el curso exprés de bailoteo que el personaje de Swayze le da a Baby (Jennifer Grey). La chica pasa de estar justita de arte a dancing queen en menos de lo que tarda su partenaire en quitarse la camiseta cuando suena la música. Obviamente, el resto no tenemos un profesor tan eficiente ni tanto talento escondido a la hora de mover el esqueleto, pero, ojo, que el problema se solventa con una buena dosis de empeño y fuerza de voluntad. Ah, y sobre todo, un poquito de paciencia.
Ghost, la película que cambió el juicio sobre los fantasmas en el imaginario colectivo. Desde que Sam Wheat apareció en la gran pantalla a principios de los 90, la concepción generalizada de los espíritus del más allá como unos seres terribles y peligrosos, se esfumó con la misma magia con la que Sam pelea por contactar con su querida Molly (Demi Moore) para despedirse de ella. Con la muerte, el espíritu más celebérrimo de la historia del cine (con permiso de Casper) evoluciona tanto que transforma su personalidad de completo lisiado emocional en la de un ser dulce y valiente.
El nivel de reconocimiento que cosechó Swayze con Dirty Dancing y Ghost no se volvería a repetir. Sin llegar a convertirse en blockbusters, sí que interpretó hasta el final de su vida personajes destacables, como Max Lowe, el protagonista de la encantadora La ciudad de la alegría. El personaje, un cirujano en crisis tras la muerte de un paciente, viaja a la India buscando la paz espiritual y recae en uno de los barrios más pobres de la capital. Entre sus gentes aprende que hay otros modos de ver la vida y de enfrentarse a ella.
Tan solo tenía 57 años cuando un cáncer de páncreas se lo llevó para siempre el 14 de septiembre de 2009. 20 meses de lucha contra la enfermedad en los que no renunció a dar batalla ni a seguir trabajando. En sus últimos meses de vida, grabó la serie The beast. Interpretaba al agente del FBI Charles Barker, y pese a su delicado estado de salud, él mismo rodó todas las secuencias de acción: "Estoy orgulloso del trabajo que he hecho. Tengo el sentimiento de haberlo logrado, y es genial cuando te propones hacer algo y lo consigues", declaró. En definitiva, Patrick Swayze engrosa la lista de actores carismáticos que causan simpatía por su forma de ser y de vivir, a pesar de no haber sobresalido demasiado en sus interpretaciones. De hecho, durante un tiempo se lo conoció como el Rey de los Sleepers, lo que viene siendo el amo de las películas estrenadas con mucho más éxito que expectativas… En eso, nadie nunca lo arrinconó.
No te pierdas el maratón especial de Patrick Swayze el próximo jueves 14 de septiembre, con 'Un cuento: El mito de Pecos Bill' (18:00) y 'Dirty Dancing' (20:15).
Fotos: Getty Images