14 de octubre de 2016

Cinco cosas que hemos aprendido viendo ‘Snowden’

Por M. J. Arias

La película ya lo avisa desde el comienzo, con un rótulo en los títulos de crédito iniciales comunicando al espectador que lo que va a ver es una dramatización de los hechos ocurridos entre 2004 y 2013. A quienes siguieron el caso en su día o hayan visto el documental 'Citizenfour' puede que no les aporte mucho. De hecho, la directora de dicho documental, Laura Poitras, es un personaje más de la película al que interpreta Melissa Leo.

A quienes lograron, y mira que es difícil, abstraerse de la locura mediática de aquel verano, 'Snowden' les servirá como resumen muy bien contado y representado de cómo se gestó y perpetró la filtración de unos documentos que pusieron en tela de juicio la filosofía del gobierno estadounidense de que el fin justifica los medios y esa teoría que esgrime uno de los personajes de la película según la cual un americano prefiere la seguridad a la privacidad dando por hecho que para obtener la primera hay que renunciar a la segunda.
Da igual lo que haga, te lo crees. Tiene una capacidad para la caracterización y para convertirse en el personaje que va más allá de colocarse unas gafas o una prótesis nasal. Si en ‘Looper’ se pasó horas y horas viendo antiguas películas de Bruce Willis para copiar hasta el tic más mínimo y parecer realmente una versión joven de él y en ‘El desafío’ se apropiaba del acento francés para hacer más creíble su Philippe Petit, en ‘Snowden’ copia su forma de hablar y de moverse hasta tal punto de que parece ser él mismo.
Oliver Stone sabe muy bien manejar los tiempos, cuándo contar cada cosa y dotar a sus películas de un ritmo trepidante cuando la historia lo requiere. Y así ocurre con 'Snowden', que arranca con los encuentros entre el ex analista de la CIA y varios periodistas en una habitación de hotel.

Desde ese punto de partida, la película se remonta a sus años como recluta de las fuerzas especiales al que una caída trunca su futuro como soldado y le coloca en el camino de lo que vendría después. Flashbacks que cuentan la historia de Snowden, de cómo un joven que quería defender a su país acaba descubriendo sus tejemanejes. Una historia real convertida en un thriller político, en una de espías, que se mueve con ritmo ágil y seguro hacia un final que aún no está escrito.
¿Héroe o villano? Todo depende del cristal por el que se mire. Para algunos, Edward Snowden es un traidor, un hombre que violó la ley revelando secretos de estado que supusieron un duro golpe al gobierno de su país y sus métodos. Para otros, Snowden es un héroe, una especie de Robin Hood moderno que fue capaz de sacrificar su vida personal para mantenerse fiel a unos principios basados en el desencanto ante un sistema que debería velar por la seguridad de los ciudadanos y no vulnerar sus derechos. ¿La postura de Stone? Es Stone, no hace falta decir más.
No es la primera vez que vemos en el cine que cualquier hacker con ciertas habilidades puede acceder a tu ordenador y activar la webcam del mismo viendo en tiempo real qué estás haciendo. Pero una cosa es verlo en el cine o en una serie, en la ficción, y otra que sea algo real, que esté pasando y que al otro lado no se encuentre un hacker con ganas de entretenerse un rato o fastidiar, dicho finamente, sino el mismísimo Gobierno de los Estados Unidos. ‘Snowden’ siembra esa paranoia en el espectador y serán muchos los que tapen su webcam al llegar a casa. Por si acaso.
Esto es más una anécdota y más bien de nivel alto de paranoia, pero para quienes tengan miedo de que les espíen y controlen su teléfono móvil, parece ser que meterlo en el microondas anula la posibilidad de acceso al mismo para activar su cámara o su micrófono. Desde luego, el microondas tiene muchas más aplicaciones que calentar, descongelar o gratinar, porque Elliot (‘Mr. Robot’) también lo usaba para destruir datos. Claro, que para eso lo encendía y saltaban chismas. Para anular el acceso como hace Snowden basta con cerrar la puerta.
Artículo escrito por losExtras.es