11 de agosto de 2017

5 escenas por las que no perderse ‘Los visitantes’

Maratón #LosVisitantes con las dos primeras películas el domingo a partir de la 13:30

Por María Robert

 
En el momento de convertirse por primera vez en Godofredo de Miramonte, la carrera de Juan Moreno (alias Jean Renó) ya rodaba sola. No hacía mucho que el actor francés de origen gaditano había protagonizado algunos de los hits de su carrera como Nikita o El gran azul. Con Los Visitantes (1993), sin embargo, la consolidación de Renó en la comedia arreció deprisa y corriendo ante el éxito nada desdeñable que cosechó el filme de Jean-Marie Poiré. El largometraje ocupa, de hecho, el duodécimo puesto en el ranking de recaudación en taquilla de toda la historia del cine francés, y en su día vendió más de 13 millones de entradas.

Tan buen sabor de boca dejó en el paladar de los cinéfilos, que, aprovechando el incuestionable reclamo, las aventuras continuaron en dos ocasiones más: Los Visitantes regresan por el túnel del tiempo y Los visitantes la lían  (en la Revolución Francesa). El mismo Hollywood la rescató de nuevo para filmar el remake americano, Dos colgados en Chicago. Si aún no la has visto, te dejamos un pequeño adelanto de lo que te estás perdiendo.
Entenderse con los años 90 viniendo desde el siglo XII es…complicado. De eso se dará cuenta Godofredo nada más poner un pie en su equivocado destino. Al menos al caballero lo acompaña su fiel escudero en el viaje, Delcojón el Bribón(Christian Clavier), un sirviente fiel y valiente que no duda en arriesgar la vida por él las veces que sean necesarias. Como si se las tiene que ver con los mismísimos sarracenos.  
¿Qué son esos cacharros de metales que se desplazan? ¿Por qué esta gente tan rara no monta a caballo para moverse? Nada más llegar a su destino, los visitantes empiezan a darse cuenta que el mundo que los rodea es de lo más extraño. Acostumbrados a vivir en la Edad Media, donde los peligros acechan en cualquier esquina, un coche parece una gran amenaza a exterminar.
El coctel de honor, nobleza, bravura y torpeza del personaje interpretado por Jean Renó es irresistible. Pero, es de ley reconocer, que el tándem que forma con el escudero es simplemente genial. Juntos intentan encajar en el nuevo mundo que los rodea. Eso sí, con más empeño que tino. Sus meteduras de pata son una sucesión continua de situaciones absurdas, hilarantes y gamberras como esta.
Definitivamente, no todo está tan mal en el siglo XX, pese al choque cultural. Aunque les cueste adaptarse y entenderse con una civilización tan dispar a la suya, incluso con sus propios descendientes, el progreso trae ventajas tan gustositas y útiles como una bañera. Y ver a los dos rudos protagonistas medievales confrontando la realidad actual, una estimulante experiencia de humor mordaz sin remilgos.
Y vosotros, ¿cuál es vuestra escena favorita de la cinta? ¿Os atreveríais a viajar en el tiempo?