7 de junio de 2017

Cinco estrellas que nos escandalizaron

Por Eloy Rojano Vargas

Como sabéis, ser famoso no es solo navegar en yates de lujo y arrasar en redes sociales. En muchas ocasiones puede ser difícil salir a la calle y que no te reconozcan, también están privados de muchas de nuestras libertades diarias, como ir a comprar el pan, bajar la basura o hacer papeleos en el banco (¡pobres!). Esto viene dado porque algunos followers no están solo en su Twitter e Instagram, sino que empiezan también a serlo por la calle.
En La dolce vita (1960), de Federico Fellini, uno de los personajes se llama Paparazzo (Walter Santesso). Fue a raíz de esa película que a todo aquellos que, como alimañas, persiguen a los famosos para robarles una fotografía se les conoce como paparazzi. Son muchos los casos de estrellas del cine que tuvieron encontronazos con estos. Desde Bruce Willis, que insultó y mojó a uno que no paraba de perseguirle; hasta Sean Penn, que acabó en la cárcel por golpear a uno (60 días de cárcel de los cuales cumplió 33).

Pero queremos contaros un caso muy sonado: el del actor Woody Harrelson en 2009. Por aquel entonces, volvía de rodar Bienvenidos a Zombieland, la película de muertos vivientes con Jesse Eisenberg y Emma Stone, cuando, en el aeropuerto de Nueva York, fue asaltado por un paparazzi que, cámara de vídeo en mano, le perseguía por una de las terminales, mientras el actor iba camino de su vehículo. El vídeo de la escena aún ronda por internet: Woody Harrelson se encara con el periodista y le arrebata su cámara de vídeo. Tras ello, el paparazzi, con una cámara más pequeña, sigue grabando y le pide que le devuelva su otra cámara, la cual finalmente acaba siendo dañada. Después, parece que el actor ataque al paparazzi e incluso se dice que le agarró del cuello.

Pero la historia en sí no tiene mucho por destacar, lo interesante viene con las declaraciones a posteriori de Harrelson, quien dijo que, acostumbrado a ser perseguido durante el rodaje por tantos zombies, confundió al periodista con uno, de ahí que se defendiera de este, ya que temía por su vida.
Si algo ocurre con el famoseo es que todo se magnifica. Lo más pequeño puede convertirse en algo gigantesco y eso puede dañar seriamente la imagen de las estrellas. No es el caso de Mel Gibson, actor y director polémico por excelencia, que probablemente tuvo bien merecida su temporal exclusión social en Hollywood. Sus repetidos escándalos por su colección de insultos homófobos, xenófobos y machistas.

Por supuesto, el ser famoso le significaba un altavoz para sus malas palabras y los estudios y el público le tomaron distancia. Mel Gibson intentaba salvar su imagen negando todo aquello de lo que no hubiera pruebas. La frase "Los putos judíos sois los culpables de todas las guerras de la Humanidad", que él mismo calificó de desafortunada (¿En serio, Mel?), intentó salvarla más tarde con una película que buscaba reconciliarse con la comunidad judía. Le filmaron en un ataque de ira contra el guion y todos los que le rodeaban en aquel momento. Aquello llevó a Warner a cancelar el filme.

Es evidente que el ser famoso engorda los escándalos, pero también lo es que Mel Gibson se lo buscaba. Algunos piensan que su nominación a mejor director en los pasados Oscar podría significar la cura de los lazos entre él y Hollywood. ¿Será verdad? Y, quizá más interesante, ¿lo merece?
Pero si hemos hablado de los paparazzi y de cómo todo engorda con Hollywood, algo está cambiando: los propios famosos. La llegada de, sobre todo, Instagram, hace que muchos actores cuenten su vida al momento. Una selfie en un rodaje o comiendo un helado con la familia puede quitarles el trabajo a los paparazzi que te están persiguiendo. Si la foto ya está en redes, ¿dónde está el atractivo de tomar una nueva?

Shia LaBeouf lleva mal el ser perseguido por la prensa, pero en 2014 se marcó un tanto como al estilo de los bistecs de Lady Gaga. Apareció en la premiere de Nymphomaniac en la Berlinale con una bolsa en la cabeza que rezaba lo siguiente: "I am not famous anymore" (ya no soy famoso). El mensaje, por supuesto, tuvo su efecto contrario y se convirtió en viral, lo cual nos dificulta decidir si tacharlo de win o de fail.
La serie Feud ha vuelto a poner en boca de muchos a Joan Crawford y Bette Davis, dos grandísimas actrices que en los años 60 lucharon por volver a escena, pese a que Hollywood intentara jubilarlas forzosamente. Queremos hablar de la primera, pues el ser famosa le afectaba en su interioridad, en lugar de en su imagen pública. Crawford ahogaba en alcohol la presión que significaba ser una estrella mediática.

Mientras en las calles flotaba sobre las aceras, siempre arreglada y divina, en su privacidad bebía sin parar y maltrataba a sus hijas, quienes la sufrían directamente. Así lo explica Cristina Crawford en su libro Mamita querida, publicado en 1978, donde explica que ya a los 13 años pensó que en realidad su madre no la quería. Una historia de cómo una sonrisa puede esconder la más dolorosa de las muecas. Un libro que hace evidente una vez más cómo la fama no permite separar vida laboral y personal.
El escándalo de Woody Allen y Soon-Yi Previn sería probablemente el más sonado de los años noventa si no fuera por lo de Bill Clinton y Monica Lewinsky. Popularmente, se conoce que Woody Allen tuvo relaciones sexuales con su hija adoptiva, que era menor. Pero la historia real no es así, Soon-Yi es en realidad hija adoptiva de Mia Farrow y André Previn, no de Allen, y fue en 1992, con 21 años, cuando tuvo relaciones sexuales con el director.

La mayor polémica que despertó en la familia esta relación fue la que hace apenas un año recordaba Ronan Farrow, hijo biológico del director, y es la supuesta violación de Dylan, hermana de este, cuando era menor de edad. No sabemos qué hay de verdad en las acusaciones, pero es una muestra más de que el ser famoso no te deja descansar, aunque cierto es, también el ser famoso a veces significa tener mayor influencia para evitar llegar a entrar en prisión. Como decimos, no conocemos la verdad sobre las acusaciones de Ronan, pero sí os podemos decir que Woody Allen está aún a día de hoy casado con Soon-Yi que, como ahora ya sabéis, no es, ni fue nunca, su hija.

Estos son cinco casos de actores/directores a los que, en ocasiones, la fama les pesa más que sus premios. Por supuesto, nos dejamos muchísimos en el tintero, como Casey Affleck, Russell Crowe o Macaulay Culkin. Quizá en una futura entrega. Ahora os toca a vosotros: ¿qué historia habéis echado en falta? ¡Os leemos en redes!

Fotos: Imágenes Getty