24 de julio de 2017

Cinco razones para ver 'Danko: Calor rojo'

por Pol Llongueras

Danko: Calor rojo no es la primera película sobre una pareja de policías muy diferentes, y os podemos asegurar que no será la última. Pero hasta donde llega la fórmula, este clarísimo ejemplo dehigh concept es uno de sus ejemplos cumbre. Hollywood llama a este tipo de películas high concept porque se puede resumir su argumento en pocas palabras: Schwarzenegger es un policía de la milicia rusa que sigue a un criminal hasta la ciudad de Chicago y allí se alía con Belushi, que es un policía local con gusto por la violencia y desdén por cualquier país que no sea Estados Unidos de América. Y eso, aliñado con alguna sub-trama, un par de tiroteos y varias persecuciones, es Danko: Calor rojo.

Es una película de acción con sentido del humor y unas actuaciones maravillosas de Arnold Schwarzenegger y James Belushi dando rienda suelta a su vis cómica, en la que la violencia está muy presente, pero la mayoría exagerada de forma casi paródica.
La estrella de la película es sin duda nuestro austríaco favorito, que aprendió ruso durante tres meses para poder entregar una actuación más decente que las que nos tenía acostumbrados. Su acento ruso es convincente, y su presencia física indiscutible, pero lo que sin duda cierra el trato a favor de Schwarzenegger en esta película es su vis cómica, elevada a su máximo relativo para Danko. Walter Hill, director y coguionista de la cinta, le eligió porque vio "algo" en él que no eran sus músculos: era algo en su cara y sus ojos que "le recordaba a un guerrero de la Edad Media o la Grecia antigua" y que "se comunicaba de una forma transversal entre culturas y países porque todo el mundo le quiere ver ganar". Y lo cierto es que no se equivocaba.
La modernización del cine estadounidense se produjo cuando cineastas nacidos en la década de los cuarenta (Spielberg, Coppola, De Palma, Scorsese…) llegaron a su treintena y empezaron a hacer un cine que bebía del clasicismo más puro, el que habían visto en salas de cine de barrio para evadirse de una mundana existencia, pero transformándolo en algo actualizado mediante la rotura de barreras tanto estéticas, como formales y sociales. Esta generación, la del "si no se puede hacer, vamos a hacerlo" habría perdido grandes títulos sin la presencia de Walter Hill. Y es que Walter Hill aprendió con los mejores: fue ayudante de Peter Yates en Bullitt, de Woody Allen en Toma el dinero y corre, y de Norman Jewison (realizador de clásicos del musical como Jesucristo Superstar, El violinista en el tejado y Un futuro próximo) en El caso de Thomas Crown, y su primer guion, La huida, fue llevado a la gran pantalla por Sam Peckinpah. Es gracias a él y su modernización del subgénero buddy film con Límite: 48 horas que existen hoy en día películas como Infiltrados en clase, Infiltrados en la universidad o Arma letal. Y Danko es, sin duda, otra muestra más de su talento como guionista y director.
El hombre que dirigió y coescribió Danko: Calor rojo es Walter Hill, y este hombre es un maestro haciendo este tipo de películas. Hill está especializado en películas de acción de compañeros forzados, y reinventó este género con Límite: 48 horas uniendo a un veterano policía interpretado por Nick Nolte a un joven convicto negro interpretado por Eddie Murphy. Una de las mejores cualidades de Danko es que no es solo una burda copia de ésta (de ella solo toma el concepto básico), y encuentra nuevas cosas que decir sobre esta sociedad forzada entre un policía chicagüense y su contraparte de la milicia rusa. Como en todas las películas del subgénero, la pareja protagonista difiere en un aspecto clave de su descripción de personaje. Aquí, Schwarzenegger es el tipo de policía que moriría antes de doblegarse ante el crimen, y Belushi es todo lo contrario: el conflicto, está más que servido.
Otra gran fuente de conflicto en la película es su momento sociopolítico. Plena Guerra Fría, por un lado, unos Estados Unidos que empezaban a estar cansados del bombardeo con propaganda anticomunista por el entonces presidente Ronald Reagan; por el otro, una Unión Soviética en plena reforma económica y de liberación del sistema político por parte de Gorbachov. Así, con las cosas más relajadas, Hill aprovechó la atmósfera para ahondar en las diferencias entre los dos sistemas, al servicio de situaciones cómicas muy bien logradas.

Enfrentado al exceso capitalista de la ciudad de Chicago, el Danko de Schwarzenegger contempla con indignación (y a veces carente sentido del humor) los efectos de un sistema que considera decadente, cosa que le hace saber con varios comentares mordaces y sarcásticos a su compañero Belushi, que representa el american way of life en todo su esplendor, siempre ataviado con una réplica que corresponde más con el espíritu consumista de aquel que vive acomodado en el gran sillón del exceso. Incluso las formas de los dos policías respondían a las diferentes realidades: Schwarzenegger, esculpido en hierro con disciplina física; y Belushi con el sobrepeso típico de aquellos a los que la libertad permite cebarse a dónuts y cuartos de libra con queso.
Walter Hill adecuó también la persecución climática de la película (además de hacerla más interesante que las persecuciones habituales del cine ochentero, siempre con coches) a la presencia de Arnold Schwarzenegger en el papel protagonista de la película y la hizo con autobuses. Y es que aunque las críticas hacia la película no fueran demasiado buenas, todos los críticos destacaron la calidad técnica del gran final de Danko: Calor rojo, que es sin duda el momento más inspirado de toda la cinta.

En Danko: Calor rojo, Hill, ya experto en la creación de relaciones entre compañeros policiales, retrata la relación entre los personajes de Schwarzenegger y Belushi casi como una historia de amor tradicional. Y entre eso, las frases memorables ("¿Conoce la Ley Miranda?" "No conozco a esa zorra"), y la increíble actuación que consigue de Schwarzenegger, Danko: Calor rojo es una de esas pequeñas joyas olvidadas que deberíamos recuperar.
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