26 de marzo de 2014

Clint Eastwood, de actor duro a director de prestigio

Por M. J. Arias

“Me encanta Clint Eastwood”, le dice un cinéfilo a otro. “Sí, pero cuál, ¿el actor o el director? ¿Es que es necesario elegir?”, responde el interpelado. En realidad, no. El mérito está en admirar sus dos y más que diferenciadas facetas. A un lado la de este actor de rasgos duros, marcados a fuego y gesto impertérrito ante el peligro que durante años fue el rostro del Oeste. Al otro, el actual, el de director de prestigio, oscarizado y aficionado al drama como género.

A punto de cumplir los ochenta y cuatro años, la jubilación es algo que ‘el bueno’ de Clint Eastwood ni se plantea. En la dirección ha encontrado el refugio de la vejez y tras la cámara ha conseguido canalizar una sensibilidad que en pocas ocasiones se le ha visto como actor. Especializado en los dramas oscarizables –léanse ‘SIN PERDÓN’ y ‘MILLION DOLLAR BABY’–, estrenó en 2014 la adaptación del musical de Broadway ‘JERSEY BOYS’ y suena ahora con fuerza su ‘AMERICAN SNIPER’, película que protagonizan Bradley Cooper y Siena Miller.

En sus seis décadas en esto del cine –debutó en 1955 como extra en ‘LA VENGANZA DEL HOMBRE MUERTO’–, Eastwood ha dejado para la historia del cine personajes míticos y memorables. En su mayoría, tipos duros aficionados al tabaco, con facilidad para desenfundar el arma y un lenguaje no apto para menores. Si hubo un rey del Oeste, de aquel género denominado spaghetti western que triunfó en los sesenta y que situó Almería en el mapa de Hollywood, ese fue Eastwood. Su alianza con el director italiano Sergio Leone y el compositor Ennio Morricone se firmó en 1964 con ‘POR UN PUÑADO DE DÓLARES’ y se cerró dos años después con ‘EL BUENO, EL FEO Y EL MALO’. Entre medias rodaron otro clásico del polvoriento Oeste, ‘LA MUERTE TENÍA UN PRECIO’. Para el recuerdo, la imagen de Eastwood con sombrero vaquero y poncho a lomos de un caballo.



Un tipo duro donde los haya que supo recolocarse con la muerte del género. Fue en el comienzo de la década de los setenta cuando el que fuera alcalde de Carmel por el Partido Republicano forjó su leyenda fuera del Oeste. 1971 fue el año de Harry, el sucio. Un policía de San Francisco con su propia ley al que nadie se atrevía a plantar cara. Quien lo hacía, no salía bien parado. En total, Easwood y Harry Callahan fueron la misma persona en cinco entregas. La última, en 1988. Por entonces ya había dirigido varios títulos como ‘ESCALOFRÍO EN LA NOCHE’, la primera, o ‘BRONCO BILLY’.

Sin embargo, no fue hasta que dio rienda suelta a ese talento y sensibilidad para la dirección de dramas que ahora es de sobra conocido que no le llegó el verdadero reconocimiento como cineasta. Tomado por un actor de corte duro y poco premiable, su carrera tras la cámara ha sido mucho más gratificante en ese sentido. Aunque es difícil marcar un punto de inflexión en su currículum –lo suyo ha sido una carrera de fondo y un madurar continuo–, podría decirse que con Sin perdón hay un antes y un después.

Por aquel papel de un expistolero que debe hacer un último trabajo para lograr mantener a flote a sus hijos, Eastwood estuvo nominado. Pero, curiosamente, lo que no ha conseguido como actor (la estatuilla dorada) sí lo ha hecho como director y productor. Con ‘SIN PERDÓN’ hizo doblete en 1993 llevándose Director y Película. Era su primera vez. Después vendrían el honorífico de 1995 y el de Mejor Película para ‘MILLION DOLLAR BABY’ una década después. Además, Eastwood puede presumir de colocar a sus actores en el punto de mira de los académicos. Lo hizo con Hilary Swank y Mirgan Freeman en ‘MILLION DOLLAR BABY’ y antes con Gene Hackman en ‘SIN PERDÓN’. Angelina Jolie (‘EL INTERCAMBIO’) y Matt Damon (‘INVICTUS’) también fueron tenidos en cuenta, aunque sin premio.



En las dos últimas décadas y con el Oeste ya muy lejos, Eastwood se ha especializado en contar historias de tintes dramáticos y personajes de vida complicada con una sensibilidad que quizá, por aquello de los prejuicios, era difícil de adivinar en aquel actor duro que tantos spaghetti western interpretó. Quién le iba a decir a Harry el sucio que acabaría en dirigiendo y protagonizando una historia tan romántica como la de ‘LOS PUENTES DE MADISON’ junto a Meryl Streep.

Su ritmo como actor ha descendido en los últimos años prodigándose mucho menos en la pantalla. Tras ‘GRAN TORINO’  –en la que se dirigió a sí mismo en una de sus especialidades, la de 'abuelete' cascarrabias– dijo que se jubilaba. Aunque después un buen amigo de nombre Robert Lorenz le convenció para volver a actuar en la previsible ‘GOLPE DE EFECTO’ (2012). Esa, salvo amistad mediante, parece que fue definitivamente la última vez que vimos a Eastwood estrenando en pantalla grande. En España siempre será recordado con la voz del inconfundible Constantino Romero.

 

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