20 de noviembre de 2015

Cómo ser un buen mosquetero en seis lecciones

Antes de que James Bond popularizase eso de 'al servicio de su Majestad', los mosqueteros de Alejandro Dumas, que al principio eran tres pero acabaron (¡Alerta, spoiler!) siendo cuatro, ya habían corrido mil y una aventuras para salvaguardar el honor y el trono de Luis XIII. Podría gustarles más o menos su monarca, pero se debían a la Corona y se dejaban la piel en ello. Paramount Channel te propone una tarde llena de aventuras, acción, amistad y romance. Toda una tarde mosquetera con un triplete de títulos que conservan el espíritu de la obra de Dumas: 'Los tres mosqueteros (Los diamantes de la reina)', 'Los cuatro mosqueteros (La venganza de Milady)' y 'Los tres mosqueteros'.
Quien aun sin haber leído a Alejandro Dumas a estas alturas no conozca el lema de los mosqueteros es que no merece serlo, ni siquiera soñar con ello. El 'uno para todos y todos para uno' es el lema de la amistad por antonomasia. Porque los mosqueteros son así, anteponen su amistad y su lealtad ante todo. Aunque a veces algunos o algunas intenten enredar, Athos, Porthos, Aramis y D'Artagnan se deben a la amistad que se profesan y a la lealtad que sienten hacia el rey Luis XII.
Un buen mosquetero es valiente, leal, aventurero… pero también es un pendenciero. Las cosas como son. Porque hay que ver cómo pierden la cabeza estos cuatro cuando se le cruza una falda en su camino y lo que les gusta sacar a relucir su florete y batirse en duelo por cualquier nimiedad. Eso y su afición a empinar el codo, sobre todo en el caso de Porthos, les mete en más de un problema. Menos mal que el resto siempre está al quite para gritar ¡Voto a bríos! y lanzarse a la acción.
Rochefort era malo, malísimo, pero el enemigo supremo de los mosqueteros es el Cardenal Richelieu, ya tenga este la pinta de Charlton Heston o la de Tim Curry. Un hombre de iglesia capaz de hacer cualquier cosa por manejar los designios de Francia y parte de Europa a su antojo, deseoso de desestabilizar a la Corona. Un hombre vil, cruel, ambicioso y sin escrúpulos. La lealtad y la amistad no casan con él. Richelieu es el antagonista ideal de los mosqueteros. Después de él vino Mazarino, pero no fue lo mismo.
Es lo que tenía el siglo XVII, que los hombres llevaban estas pintas. Greñas en la cabeza y bigote tirando a pronunciado bajo la nariz. Luego estaba el traje de mosquetero, que la verdad es que tiene su punto. Con su sombrero y su pluma, su casaca con su flor de lis en el pecho, sus botas… Lo que para muchos es un disfraz de Carnaval perfecto, para otros es un uniforme que lucir con orgullo.
Esto es de primero de mosquetero. Si vas a alistarte en el cuerpo comandado por Monsieur de Treville más vale que seas todo un artista con el florete porque de otra manera no solo no pasarás su exhaustivo examen, sino que, además, no durarás ni una escaramuza en el cuerpo.
Un buen caballo es tan básico como manejar el florete. Además de ser una herramienta de trabajo, será tu fiel amigo. Anda que no lo pasa mal D'Artagnan cuando llega a París y ha de vender el suyo por cuatro monedas. Sin montura no eres nadie y no hay mosquetero que se precie que corra aventuras a pie.
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