1 de febrero de 2017

Cuando el arte es la excusa para el delito

Por M. J. Arias

Existe una cara menos amable y menos lucida del arte que el cine se ha encargado de retratar en muchas ocasiones más allá de las exposiciones y las subastas. Esas películas en las que un valioso retrato, cuadro o escultura se convierte en el objeto de deseo de los amigos de lo ajeno. Ahí están 'El secreto de Thomas Crown' (Domingo 22:00) o 'La trampa' como ejemplos más recordados. Menos mal que siempre habrá 'monuments men' y 'valientes' que velarán por el bienestar del arte.
Eres un millonario que lo tiene todo. Thomas Crown (Pierce Brosnan), para más señas. Estás tan aburrido de tu anodina existencia entre galas, fiestas y saraos que decides ponerle un poco de guindilla a la vida. ¿Qué haces? ¿Te compras un coche de carreras y pisas el acelerador? ¿Haces paracaidismo? Nada de eso. Te metes a ladrón de arte. Ahí, arriesgando el tipo, poniendo a prueba tu inteligencia y la de la policía. Porque nadie va a sospechar de un millonario en el robo de un Monet que podría comprárselo sin problemas. Lástima que la encargada de investigar el robo para la aseguradora del museo desconfíe.
Aquí tenemos una estatua que nunca llegó a su destino por culpa de los piratas y que varios siglos después reaparece en escena con una chica en paradero desconocido de por medio. Ella es la hermana de alguien que contrata al duro Humphrey Bogart, un detective privado, que deberá encontrar la conexión entre un caso y otro. Basada en la novela de Dashiell Hammett, dirige esta obra maestra del cine de los cuarenta John Huston.
Así de duro entrena un ladrón de arte para poder robar. Porque hay que ver lo mal que se lo hace pasar el veterano delincuente y especialista en lo suyo Robert MacDouglas (Sean Connery) a la joven, atlética y guapísima agente de seguros Gin Baker (Catherine Zeta-Jones). Pero, claro, es que no se trata solo de entrar y dar el golpe. Esta gente no son butroneros, sino profesionales capaces de hacer contorsionismo para sortear los haces de luz con tal de que no salte la alarma.
Desde Noruega nos trajeron hace unos años esta historia de un cazatalentos y su mujer galerista que viven muy por encima de sus posibilidades económicas sacándose un sobresueldo robando obras de arte. Un día se cruzan con el rico propietario con una obra a la que le han echado el ojo y se desata el thriller. El rico propietario es Nikolaj Coster-Waldau.
Lo curioso de lo que cuenta ‘La gran estafa americana’ es que se basa en hechos reales. En como un estafador de arte se vio obligado a colaborar con el FBI para capturar a otros estafadores. Ocurrió en los años setenta, en Estados Unidos. Claro, que al principio el protagonista, al que interpreta Christian Bale, estafaba con obras de arte. Cuando el FBI se mete de por medio la cosa da un salto de los grandes y lo del arte es lo de menos.
Unos roban el arte para estafar y enriquecerse y luego están los que lo roban/recolectan por el bien de la humanidad. Como George Clooney y sus chicos en ‘The Monuments Men’. Son un batallón especial de soldados o profesores que durante la Segunda Guerra Mundial se dedican a intentar salvar y poner a buen recaudo el mayor número de piezas de arte ante el expolio nazi.
Los americanos tienen a George Clooney y en España tenemos a Gabino Diego. Él era el encargado de velar por la seguridad e integridad de las piezas del Museo del Prado durante la Guerra Civil. En concreto, el objeto de desvelo de este celador del museo es un autorretrato de Goya que se cae del camión durante la evacuación.
Artículo escrito por losExtras.es
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