26 de agosto de 2016

Cuando los actores se convierten en imitadores

Por Pedro Moral

¿Puede un actor que no se parece nada a Elvis interpretar a Elvis? Si lo ha conseguido Michael Shannon la respuesta es que sí, aunque para ello haya tenido que recurrir a la imitación. Cada vez lo vemos en más películas, sobre todo en biopics. Actores que dedican todo su esfuerzo y trabajo en copiar los gestos de su personaje, su mirada, sus posturas, su forma de andar y su físico. A veces necesitan mucha ayuda del maquillaje y a veces sus características físicas son suficientes para llevar a cabo la transformación.

Es en estos momentos cuando los actores se convierten inconscientemente en imitadores y pasan de interpretar un personaje a imitarlo, que son dos cosas muy distintas. La imitación no tiene nada de malo, por supuesto. Pero es inevitable dotar de algo de comicidad a la película cuando el actor decide transformarse en el personaje como los concursantes de 'Lluvia de Estrellas' se transformaban en sus cantantes favoritos. Aquí van unos cuantos ejemplos bastante recientes de esta práctica cada vez más de moda en Hollywood.
Liza Johnson sabe que contar la historia de dos de las personalidades más famosas e influyentes de los Estados Unidos como son Elvis y Nixon requiere de grandes actores e imitadores. Y Liza también sabe que en un caso como este es muy fácil caer en la risa. Así que de manera muy inteligente ha contado el famoso encuentro entre ambos titanes el 21 de diciembre de 1970, cuando Elvis quería tener una placa de agente federal para luchar contra la drogadicción y Nixon necesitaba urgentemente mejorar su imagen pública, en un tono de comedia.

De esta forma Michael Shannon y Kevin Spacey se han quedado a gusto imitando y exagerando los gestos y el habla de sus personajes, Elvis y Nixon respectivamente. Podría ser un sketch de 'Saturday Night Live', pero es una película tan divertida y ocurrente como cercana a la realidad.
¿Clint Eastwood dirigiendo a Leonardo DiCaprio? Este sueño se hizo realidad en el 2011 cuando el director estadounidense contó con el actor para interpretar al director general del FBI, a J. Edgar Hoover. La interpretación de DiCaprio se convirtió en pura imitación cuando el personaje se hace más viejo. Y es fascinante ver cómo DiCaprio copia los gestos y los andares de este hombre que sobrevivió a siete presidentes de los Estados Unidos, cómo asume sus contradicciones y cómo busca el parecido físico hasta el extremo.

Y el extremo fue un maquillaje exagerado con el que el actor difícilmente podía llevar a cabo su trabajo. Al final, la interpretación resulta delirante.
Con la misma ironía y guasa que tenía Alfred Hitchcock, Anthony Hopkins decidió convertirse en él para esta película centrada en el momento en el que el director dirigió 'Psicosis'. Todas sus famosas manías, sus perversiones y sus problemas con sus actrices están perfectamente reflejadas en esta película.

Pero Hopkins quería ir mar lejos, Hopkins quería ser Alfred Hitchcock y con un poco de ayuda del maquillaje se convirtió en el. Es una de las mejores interpretaciones-imitaciones de todos los tiempos. ¡Qué demonios! Anthony Hopkins es más Hitchcock que el propio Hitchcock.
Primero debemos reconocer que 'Jobs' es una película echa deprisa y corriendo para aprovechar el filón mediático (aunque esto suene desagradable es la verdad) de la muerte de uno de los mayores genios de nuestro tiempo, Steve Jobs. Por eso había que darse prisa en elegir al actor, tenía que ser conocido y parecerse al inventor del iPhone. Ashton Kutcher era el actor ideal. Su parecido físico es obvio y si encima el actor fuerza la imitación y los maquilladores hacen el resto tenemos al mismísimo Steve Jobs protagonizando su propio biopic.

En este caso, al haber menos documentos gráficos del Jobs joven, Ashton Kutcher no llega al punto álgido de su creación hasta el final de la película, cuando tiene que ser el Jobs viejo. Su trabajo se llevó una para nada merecida nominación al premio Razzie.
Otro escalofriante caso de interpretación-imitación es el de Eddie Redmayne como Stephen Hawkins. James Marsh hizo una película convencional, un biopic emocionante que acaba por recorrer los mismos caminos edulcorados que todas las películas sobre superación personal y genios. Sin embargo, es tan alucinante el parecido entre Redmayne y su personaje que el espectador cree estar viendo un documental o archivos originales (y muy íntimos) del astrofísico.

A medida que la enfermedad degenerativa avanza en el cuerpo de Hawking, el actor se parece más y más a su personaje hasta fundirse. El resultado es morboso y tan alucinante que la Academia no se pudo resistir y le dio un Oscar a Eddie Redmayne que salió a recogerlo con algún deje de su personaje. Suponemos que no fue fácil desprenderse de él.
Artículo escrito por losExtras.es
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