6 de abril de 2017

El arte para sufrir y enamorarse de Gwyneth Paltrow

Por M. J. Arias

Lo de Gwyneth Paltrow es puro arte y delicadeza a la hora de sufrir y enamorarse. Porque pasarlo mal en el cine está bien visto, suele acarrear premios. Pero hay que saber hacerlo con sentimiento, tacto y sin excederse en las muecas de dolor y en las lágrimas. En el caso de enamorarse, la sutileza es su gran baza. En todo eso, la actriz californiana se desenvuelve con soltura. Las claves para su sufrimiento y enamoramiento, que despliega con todos sus matices en 'Dos vidas en un instante' (disponible en la web hasta el 03 de mayo), se resumen en tres claves.
En el caso de Gwyneth Paltrow resulta esencial. Su aspecto angelical hace que el espectador la vea como un ser frágil, que puede romperse a la mínima. Sin embargo, se mantiene entera pese a los palos que le dan en ‘Dos vidas en un instante’, donde el hecho de perder un metro hace que su línea temporal se divida en dos. A un lado, la Helen feliz, con un novio encantador. Al otro, la Helen que no perdió el metro después de ser despedida, que llegó a tiempo a casa para descubrir la infidelidad de su novio y que vio como toda su vida se venía abajo en cuestión de unas horas.
Es un don y Paltrow lo tiene. Se le da bien imprimir tristeza a sus personajes. Y hay una parte de Helen en ‘Dos vidas en un instante’ que tiene mucho de eso. De esa tristeza y dolor por ver cómo tu vida se ha ido al traste en muy poco tiempo. Cómo has perdido todo lo que tenías. En Paltrow la tristeza es casi algo intrínseco.
Exactamente. No es por ‘Dos vidas en un instante’, pero Paltrow tiene un Oscar precisamente por eso, por enamorar, enamorarse y sufrir. Se le da tan bien… Tanto, que en ‘Shakespeare in Love’ la premiaron por ello. Ser la musa de nada más y nada menos que el autor de ‘Romeo y Julieta’ no es sencillo y ella le dotó de esa frescura e intensidad al personaje que tanto necesitaba la historia.