El cruce de piernas y otras escenas míticas de Sharon Stone

Por Pedro Moral

En 1992 Sharon Stone cruzó las piernas en un interrogatorio. Esa escena la convirtió en sex symbol y después fue imposible arrancarle esa etiqueta. En los años 90 era la mujer más sexy del planeta, y sus papeles siempre solían contener un toque erótico, sin embargo Stone no es solo eso. Es una actriz llena de matices, con una sonrisa y una mirada que son pura 'cinegenia' y además es capaz de tocar todos los géneros posibles. Ahora es un buen momento para desmontar su talento en cinco escenas que no son aquella de 'Instinto básico'-posiblemente el mejor thriller erótico de la historia- en la que dejó a Michael Douglas hecho polvo. Todos hemos visto el cruce de piernas demasiadas veces, es hora de ir más allá. 

En 1990 Paul Verhoeven decidió adaptar un relato de Philip K. Dick y el resultado fue una película de culto titulada 'Desafío Total', en ella Arnold Schwarzenegger viajaba a marte gracias a un fuerte alucinógeno y levantaba una trama en la que él era  la primera víctima. Dos mujeres, Sharon Stone y Rachel Ticotin, frente al musculoso héroe. Una mala y una buena. Sharon Stone era la mala, la mujer postiza de un hombre al que no quería, una desagradable tapadera que termina cuando el personaje de Stone da una verdadera paliza a su marido. Esa patada en las partes íntimas del actor todavía duele a los espectadores que la presenciaron en su estreno. Definitivamente la actriz de Pensilvania daba muy bien a cámara como villana.

Cuando ya era casi imposible darle una vuelta a un género desaparecido Sam Raimi llegó para rodar un western caricaturesco en el que Sharon Stone hacía de forastera en busca de venganza, en el que Leonardo DiCaprio y Russell Crowe apenas eran debutantes y donde el malo malísimo estaba interpretado por Gene Hackman. Stone volvía a estar exhuberante, misteriosa y letal, claro. Todas las escenas con Gene Hackman son duelos, a veces dialécticos a veces de pistola. Pero nada como el duelo final, claro.

El mejor personaje que le han ofrecido a Sharon Stone en toda su carrera se lo dio  Martin Scorsese. Y ella hizo lo que tenía que hacer y lo convirtió con un trabajo excepcional en una de las mujeres más importantes de toda la filmografía del director de 'Uno de los nuestros'. Ginger es mentirosa, fría, calculadora, tramposa y enamoradiza. Es adicta a la coca -¿quién no lo es en el cine de Scorsese?- y al robo. Pero a pesar de todo esto, cada jugador del 'Casino' de Scorsese se muere por sus huesos. Incluido, claro, Robert De Niro. La escena en la que él se enamora de ella es sencillamente magnífica. Ella lanzando las fichas de un 'ricachón' al aire y armando un buen jaleo mientras él no deja de mirarla fascinado por tanta gracia y belleza. Los Rolling Stones, de fondo.

Cinco años después de 'Casino', con la que estuvo nominada al Oscar, Sharon Stone estuvo muy cerca de ganar el Razzie por su papel en 'Gloria', de Sydney Lumet. Sin embargo, el jurado de los premios más deshonrosos de la temporada estaban equivocados. El papel de Sharon Stone es hipnótico debido precisamente a su poco sentido de la vergüenza. Es imposible elegir solo una escena de este filme, todas son jugosas en su increíble capacidad de llevar al espectador al último rincón de la deshonrosa comicidad que Ricky Gervais inventó años después. La escena en la que Gloria desnuda a todos sus perseguidores o aquella en la que su joven compañero de aventuras le confiesa que le encanta dormir con ella son algunos de los momentos álgidos de esta obra de culto de Lumet. 

En esa historia sobre el vacío existencial protagonizada por el actor que mejor sabe no hacer nada, o sea Bill Murray, titulada 'Flores Rotas' hay una escena que destaca por su brillante comicidad. Y esta es la de Sharon Stone, la primera mujer que visita Murray en su periplo en busca de un hijo que nunca supo que tenía. Sharon Stone además comparte plano con su hija, una especie de Lolita que no consigue nublar la gracia y la ironía con la que Stone interpreta en cierta forma a ese personaje que nunca llegó a abandonarle. Aquí no se cruza las piernas pero su intercambio dialéctico con el gran Murray ha quedado también para la hisotira. Aunque no se haya rebobinado tantas veces. 

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