10 de junio de 2015

El lado macabro de los clásicos Disney

Por Luís Fernández

Historias de amor, fantasía, preciosos vestidos, príncipes azules, finales felices y alegres canciones forman parte ya del legado que Disney a través de sus clásicos, y no tan clásicos, nos ha transmitido. Pero, si nos paramos un poco a pensar, y rebuscamos en el origen de los cuentos, en la época en la que fueron escritos o en su fuente de inspiración quizá encontremos algún detalle que pueda resultar de lo más macabro.

‘La Sirenita'

Preciosa historia la de esta habitante de los mares que por amor decide sacrificar todo lo que conoce para poder caminar por el mundo junto a su amado. Disney nos vendió una buena historia con unas grandes canciones, a pesar de su mensaje algo confuso (cambiar para que te amen). Aún así, Hans Chistian Andersen le otorgó un carácter mucho más espiritual y en su versión ella quería las piernas porque solo los humanos acceden al cielo. Además, la condición para conseguir las piernas en el cuento es que sentiría que camina sobre cuchillos todo el tiempo. Y, finalmente, ella nunca consigue el amor del príncipe y se convierte en una ‘hija del aire’.

‘Blancanieves y los Siete Enanitos'

En esta ocasión los encargados de asegurarse que no falta una buena dosis de maldad son los Hermanos Grimm. A pesar de que Disney se encargó de que nos enteraremos de que la malvada bruja tenía su castigo cayéndose por un acantilado, los hermanos fueron mucho más imaginativos digamos. Decidieron que la reina fuera invitada a la boda de Blancanieves donde el príncipe le tenía preparados unos zapatos de de hierro ardiendo para que bailara hasta su propia muerte. ¡Danzad, danzad, malditos!

‘La Cenicienta’

Este cuento, casi leyenda, ha ido pasando a lo largo de los siglos de forma oral, y ha sido recogida por diferentes autores. Cuando vimos la versión de Disney, ‘La Cenicienta' ya había sido visitada y revisitada, y digamos que Walt decidió quedarse con la parte más dulce de su historia. No es de extrañar que de esta forma prefiriera evitar algunas versiones en las que se produce la mutilación que sufren las hermanastras intentando encajar el zapato o como se les arranca los ojos durante la gran boda. Aunque este toque macabro se recobró con cierta gracia en la versión en imagen real del clásico estrenada este mismo año.

‘La bella durmiente’

Con lo bonito que le había quedado a Walt Disney ese beso de verdadero amor que despertaba a esa doncella durmiente… Giambattista Basile en su cuento ‘Sol, Luna y Talia’ describía unos hechos bastante menos agradables. El príncipe, que era ya rey, nunca llegaba a besar a la bella doncella, sino que la violaba. Ella despertaba meses después siendo madre de gemelos (Sol y Luna) y se reunía con el rey. La esposa de este intentaría que se comiera a sus propios hijos y este la echaría al fuego. Mucho más turbulento que el vestido cambiando de colores de la versión Disney.

‘Pinocho’

Era bonito pensar en la historia de este muñeco de madera que consigue su propia redención, y un cuerpo humano, salvando a Geppetto de la ballena. Pero en la historia original resulta verdaderamente difícil empatizar con Pinocho. A parte de que mata al saltamontes que todos queremos, hace todo tipo de tropelías hasta acabar colgado de un árbol ahogándose hasta la muerte gracias a Zorro y Gato. Un verdadero drama.

‘El jorobado de Notre Dame’

Es cierto que en este caso Disney nos regaló una versión algo endulzada (Quasimodo no acaba con Esmeralda, pero la ciudad le acaba aceptando), y aún así terroríficamente dura, del jorobado, en una de sus películas más injustamente infravaloradas. El problema es cuando descubrimos que Victor Hugo tenía una mente mucho más retorcida y pensó en un final mucho más retorcido: Frollo cuelga a Esmeralda, Quasimodo mata a Frollo, y Quasimodo desolado por la visión del cuerpo de Esmeralda le rinde luto hasta morir de hambre. Y nunca fueron felices, ni comieron perdices.

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