El origen de los superpoderes

Por M. J. Arias

En las viñetas de Spiderman podía leerse que 'un gran poder conlleva una gran responsabilidad'. Pero, ¿de dónde proceden esos grandes poderes que convierten a cualquiera en un superhéroe? Tres serían las respuestas posibles a esta pregunta: la genética, un accidente o un objeto. A veces, incluso, pueden confluir varios factores. Además, no hay que olvidar el ser un playboy con una cuenta corriente abultada y el escaso sentido del ridículo que atesoran algunos pretendidos o aspirantes a superhéroes. Estos dos aspectos no otorgan superpoderes como tal, pero sí pueden convertir a alguien en un héroe enmascarado de primer orden, por ejemplo.

La genética


El mejor ejemplo son los mutantes de la saga 'X-MEN'. Lo suyo es la genética. Son un eslabón superior en la escala de la evolución y han nacido con una habilidad que les hace especiales y, por qué no, superiores al resto de los mortales. Pueden autocurarse, controlar el tiempo o el metal, leer mentes, cambiar su aspecto a placer… Cómo deciden usar esa habilidad genética adquirida hace que sean héroes o villanos. Genética es también la razón por la que Superman, el primer superhéroe de la Historia, es un superhéroe. En su planeta es uno más. Fornido, pero uno más. Es en la Tierra, gracias a una gravedad diferente y a las radiaciones que emite el Sol donde puede volar y presumir de una fuerza descomunal. Lo del Capitán América también tiene un poco de genética, eso sí, haciendo trampas. Le inyectan un suero para convertirle en supersoldado y pasar de esmirriado a cachas en cuestión de minutos.

Un accidente


Esta es la causa más común que se da en los cómics y, por ende, en el cine. Una araña que pica a un adolescente, un experimento que sale mal y convierte a su autor en una masa verde cabreada, un científico que se queda encerrado en una máquina experimental y acaba creciendo, perdiendo el pelo y tornando su piel en azul… El mundo de los superhéroes está lleno de ejemplos de seres humanos normales y corrientes a los que un accidente les convierte en súper. Y a los villanos también les pasa.  

Un objeto


El objeto quizá sea la excusa menos común, pero también se dan algunos casos. Ahí están Linterna Verde y su anillo de poder, por ejemplo. Eso sí, para aceptar el cargo hay que pronunciar un pegadizo juramento. No basta con colocarse la alhaja. Otro caso es el de Thor. Es un dios nórdico, así que tiene que ser fuerte y poderoso, pero lo cierto es que sin su martillo es un tipo que se machaca en el gimnasio sin más. ¿No? Bueno, quizá en el caso del Dios del Trueno también haya algo de genética. Ser hijo de Odín debe significar algo.

Ser un playboy multimillonario


Técnicamente los superhéroes deben tener poderes para ser considerados como tal, pero a veces basta con una cuenta corriente abultada, ganas de impartir justicia y una doble vida como playboy y justiciero para ser llamado superhéroe. Los ejemplos más notables son los de Tony Stark, Oliver Queen y Bruce Wayne. O, lo que es lo mismo, Iron Man, Flecha Verde y Batman. Ninguno de ellos tiene superpoderes, pero aún así son de los que más tirón tienen. El primero y el último en el cine y el segundo en la pequeña pantalla. Suplen su ausencia de habilidad especial con un montón de caros gadgets.  

Escaso sentido del ridículo


¿Quién no ha oído alguna vez la historia de aquel vecino que un día, cuando era pequeño, se creyó Superman y se pegó la leche de su infancia? Algunos, en los cómics y el cine, lo llevan hasta las últimas consecuencias ya de adultos y salen disfrazados con los trajes más coloridos y variopintos para plantar cara a los maleantes. No tienen porqué tener dinero a mansalva, ni poderes, ni objetos mágicos ni un gen mutante. Lo suyo es amor al arte y amular a sus ídolos. Ahí están Kick-Ass y algunos de los componentes de Watchmen. Eso sí, nada tienen que ver entre ellos. Ni en el tono de las novelas gráficas de las que proceden ni en el fondo del mensaje que intenta transmitir.