24 de abril de 2017

En ‘Los mosqueteros’ las chicas son guerreras

Por M. J. Arias

Uno de los grandes aciertos de esta adaptación de las novelas de Alejandro Dumas es el hecho de que los personajes femeninos están a la altura de los masculinos. 'Los mosqueteros', la serie, actualiza el papel de ellas en la trama y les dota de un nivel de ferocidad y profundidad con el que no contaban en su mayoría en su versión original. Aunque es cierto que, para haber sido escrita a mediados del siglo XIX, salían bastante bien paradas.
Es la gran villana de la historia. Esa mujer cruel y despiadada que fue capaz de romper el corazón de nuestro adorado Athos. Es mala, interesada y tremendamente egoísta, pero tan interesante, tan seductora y tan inteligente, que es complicado no caer en sus redes. El personaje de Milady de Winter es uno de los más misteriosos de la serie. Recurrente y que aparece y desaparece al servicio de la trama más general, en la novela era también uno de los personajes más atractivos y mejor construidos. La serie le hace justicia y Maimie McCoy, también.
Así, de entrada, y como tarjeta de presentación, en una carrera huyendo D’Artagnan le planta un beso que la deja patidifusa. Y ella, que tiene una cara muy dulce, pero mucho más carácter del que se le presupone a priori, se defiende con un buen rodillazo en salve sea la parte que le deja doblado. Así es Constance, de apariencia dulce, pero firme y de fuerte carácter. Una adelantada a su tiempo, buena amiga, confesora y tremendamente valiente que con el paso de los capítulos llega a convertirse en un mosquetero más. Desde luego, la versión de la serie de la BBC es infinitamente mejor que la del la novela. Y la química entre Tamla Kari y Luke Pasqualino salta a la vista.
Española en la corte francesa, con un sector del pueblo y de la nobleza francesa que la ve más como una enemiga que como su reina, está en continuo peligro. Para ella, sortear conspiraciones en su contra está a la orden del día. Menos mal que tiene a los mosqueteros para apoyarla, porque si fuese por el pánfilo –con todos los respetos– de su disparatado y regio marido, le iría aún peor.
                               
Su status de reina hace que su personaje sea mucho más contenido que el de Milady o Constance, pero cuando le toca sacar las garras lo hace por mucha corona que luzca en su cabeza. Es capaz de enfrentarse a sus enemigos y jugar su juego si es necesario. Su gran problema es la soledad en la que se encuentra en sus inmensos aposentos. Si no fuese por el amor incondicional de Aramis y la amistad ciega de Constance…