15 de julio de 2015

Hollywood enseña sus vergüenzas

Por M. J. Arias

El glamour de las alfombras rojas, los posados de los festivales, el estreno de la película ya acabada, las entregas de premios, las entrevistas… Eso es lo que le llega al espectador. Poco trasciende de lo que el cine esconde tras de sí, el cómo funcionan los entresijos de un mundo, el de Hollywood, en el que no solo existe lo que se ve. El cine mismo se ha encargado con un buen puñado de películas de enseñar al espectador lo que se esconde al otro lado de la cámara. ‘El crepúsculo de los dioses’, ‘Cautivos del mal’, ‘Ed Wood’, ‘The Artist’, ‘Dioses y monstruos’ y ahora ‘El séquito’ muestran ese otro cine que no se ve habitualmente desde la butaca. Curiosamente, la mayoría coinciden en sacar a la luz el lado menos amable del séptimo arte, su cara menos positiva.

Los escrúpulos, mejor dejárselos en casa

Suena a tópico, pero lo cierto es que las películas sobre Hollywood han dado a conocer esa imagen del productor y el representante sin escrúpulos a los que lo único que les importa es hacer caja, ya sea para su estudio o para su cliente. Al final, para ellos, todo se reduce a salirse con la suya a toda costa. El productor al que daba vida Kirk Douglas en ‘Cautivos del mal’ es todo un ejemplo de ello, como lo son los personajes del agente Ari Gold (Jeremy Piven) y el productor Alan Grey (Paul Ven-Victor), ambos de ‘El séquito’. De eso también hay mucho en ‘Ed Wood’, donde se puede ver la crueldad del sistema de estudios en muchos casos. El futuro de actores, directores y guionistas no solo depende de su trabajo y su talento, sino de a quién conozcan o con quién se hayan enemistado.

Quien la sigue, ¿la consigue?

Al menos es el espíritu que posee al personaje de Vincent Chase (Adrian Grenier) en la mayoría de los capítulos de ‘El séquito’ y que ahora, en su salto al cine, quiere probar suerte como director. Él mismo que comparte ‘Ed Wood’. Esa película en la que Tim Burton y Johnny Depp dieron a conocer en blanco y negro la vida y obra del considerado pero director de la historia del cine, quien, con el tiempo, ha conseguido convertirse en director de culto. Era un pésimo director, peor guionista y nadie quería financiarle sus películas. Pero él, junto con su séquito de freaks, consiguió hacer cine, que era lo que más quería. La calidad era lo de menos y al final, después de todo, ha pasado a la historia.

La memoria a largo plazo escasea

Es el destino de muchos de los que algún día fueron una estrella del celuloide. Ancianos, olvidados y relegados a un tercer plano en el que pocos se acuerdan de ellos, condenados a vivir alejados de los focos con los recuerdos de sus años dorados en la industria. Así lo contaba ‘El crepúsculo de los dioses’, pero también ‘Dioses y monstruos’, en la que un decadente James Whale, director de ‘Frankenstein’, vivía apartado de todos sus últimos años. Un duro retrato inmortalizado por un impecable Ian McKellen. Como lo fue también el realizado por Martin Landau de Bela Lugosi, abandonado, sin dinero ni para pagarse un hospital y anclado en un personaje, el de Drácula. Y qué decir de uno de los padres del cine, George Méliès, recuperado por Martin Scorsese en ‘La invención de Hugo’. En esta historia, este visionario del cine relegaba el trabajo de toda una vida a un cajón olvidado.

Un rodaje no es un paseo por las nubes

Rodajes infernales ha habido muchos. Qué se lo digan si no, por ejemplo, al reparto y equipo de ‘Apocalipsis Now’. Una película que ha reflejado el infierno que puede llegar a ser el rodaje de una película es la alocada ‘Tropic Thunder’. El ego de los actores, enemistades de plató, presupuestos que se disparan, un ambiente hostil… Todo puede salir mal. Lo del remake que Peter Jackson hizo de ‘King Kong’ es llevarlo al límite, porque ¿qué probabilidades hay de ir a rodar a la jungla y encontrarse con una tribu caníbal y un gorila de esas dimensiones? Las obsesiones, fobias y complejos de un director también pueden dar al traste con un rodaje. No siempre es culpa de los aires de grandeza de las celebrities como bien contaba ‘Hitchcock’. Ver la relación entre el director y sus musas también da una idea de cómo es esto de rodar.

La tecnología es un actor más

'The Artist' viajaba al cine mudo, a ese cine que se parecía más al teatro, en el que los actores interpretaban con su cuerpo, con sus gestos, sin el apoyo del sonido. Entonces, irrumpía el sonido y el mundo de George Valentin (Jean Dujardin) se venía abajo. Anquilosado en el pasado, es incapaz de adaptarse a lo nuevo. El sonoro le pasa por encima como una apisonadora. Todo un retrato de una época que se repite una y otra vez a lo largo de la historia. El paso del mudo al sonoro, del blanco y negro al color, el 3D…

El peligro del encasillamiento

Quizá algunos disfruten con el encasillamiento por la facilidad que supone a la hora de preparar los papeles, por ejemplo. Ser una y otra vez el malo de la película, el gracioso, el chico mono… pero no siempre es así. Como bien demostró Alejandro González Iñarritu con la reciente ‘Birdman’, el encasillamiento, algo que al espectador puede resultar hasta placentero (por aquello de saber lo que uno va a ver de antemano, sin sorpresas) puede ser un auténtico calvario para el actor que lo padece. Es lo que le pasaba a Michael Keaton en la mencionada película. Por más que lo intenta, nadie es capaz de verle más allá del traje de superhéroe que le dio la fama.

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