22 de mayo de 2015

Ian McKellen, mucho más que Magneto y Gandalf

Por M. J. Arias

Adorar a Sir Ian McKellen es una de las cosas más sencillas que todo cinéfilo que se precie de serlo puede hacer. Razones las hay a pares. Su profunda voz, su saber estar, su porte británica, su perfecta dicción, su amplio registro, su larga y heterogénea carrera, su activismo y su desorbitado sentido del humor. Ian McKellen, ese actor nacido en una época complicada y que creció al son de los bombardeos nazis sobre Inglaterra, se curtió en las tablas, admirando a Shakespeare y sin sospechar que el cine le tenía un hueco reservado para inscribir su nombre con letras de oro en dos géneros como la fantasía y el cine de superhéroes. Ian McKellen ha sido, es y siempre será Magneto y Gandalf, pero también mucho más.

Será Sherlock Holmes

A McKellen le atraen los papeles de peso, personajes icónicos de la literatura, hayan nacido estos en la Tierra Media, en las viñetas, de la mente de un genio como Shakespeare o de la pluma ágil de Arthur Conan Doyle. Muy pronto, en julio, se le podrá ver en la piel y la inteligencia de Sherlock Holmes a las órdenes de Bill Condon. Ese que le regaló a James Whale. Será un Holmes en sus últimos años, que escribe sus memorias para mantenerse despierto intelectualmente y al que un nuevo caso reactiva irremediablemente. ‘Mr. Holmes’ se estrenará en julio, el día 17, en España.

Ha sido James Whale en ‘Dioses y Monstruos’

La de James Whale ha sido una de las mejores interpretaciones de su carrera. Ese gran director de cine, padre de las dos mejores adaptaciones que se han hecho –sin estar basadas en el texto original– de Frankenstein con las que dio origen a un mito. Un director venerado y torturado que en sus últimos días, en la soledad de su casa, convive con sus monstruos y sus fantasmas en el ocaso de una vida que ya no es la que era. En ‘Dioses y monstruos’ McKellen fue un Whale crepuscular por el que recibió su hasta ahora única nominación al Oscar como actor principal. Fue a las órdenes de Bill Condon, con el que repetirá esta vez como un Sherlock Holmes también en el ocaso de su vida.

Es un apasionado de Shakespeare

McKellen siempre ha tenido una sensibilidad especial para captar la esencias de personajes que existieron en la realidad, la misma que para plasmar tanto en la pantalla como sobre las tablas a los nacidos de la imaginación de William Shakespeare. Como actor, ama el teatro y al dramaturgo inglés. Por ser Ricardo III le nominaron a un Globo de Oro. Eso fue en cine, porque en teatro también ha participado en representaciones de ‘Otelo’, ‘Romeo y Julieta’, ‘Macbeth’ y ‘Hamlet’. Es más, durante los setenta fue parte de Royal Shakespeare Company.

Posee una voz con personalidad

Uno de los mayores atributos de Ian McKellen es su potente y característica voz. Esa con la que gritaba al resto de miembros de la compañía del anillo ‘Run, you fools!’ (‘¡Corred, insensatos!’, en el doblaje español). Esa con la que su Magneto resulta mucho más poderoso y persuasivo. Esa que ha servido para hacer cobrar vida a personajes animados y de narrador en historias fantásticas como ‘Stardust’ y un sinfín de cortos. Esa que proyecta desde las tablas de un escenario ya sea declamando a Shakespeare o a cualquier otro autor de ayer o de hoy.

Es un tipo con mucho sentido del humor

Aunque pueda tener aspecto de tipo enjuto y serio, de gentleman con singular humor británico, Ian McKellen sabe cómo pasárselo bien y cómo hacérselo pasar bien al resto. Lo ha demostrado tanto en entrevistas alrededor de todo el mundo como en su actividad en las redes sociales. Muchos recordarán aquella serie de fotografías en la que él y su inseparable amigo Patrick Stewart divirtieron a sus seguidores durante varios meses el pasado año ataviados con bombín y fotografiándose en todo tipo de situaciones y lugares emblemáticos. Todo para promocionar ‘Esperando a Godot’, obra que ambos representaron en Broadway el pasado verano.

Es un activista comprometido

A Ian McKellen le costó declarar su homosexualidad públicamente. Lo hizo tarde, a los 49 años, y en un programa de radio en el que se discutía acerca de una ley promovida por Margaret Thatcher que perjudicaba al colectivo homosexual. McKellen decidió hablar de su condición sexual públicamente en ese momento, en antena, reconocer lo que muchos en su entorno laboral ya sabían erigiéndose en firme defensor de los derechos de un colectivo al que pertenece y por el que lucha desde dentro a través de organizaciones a favor del movimiento LGBT.

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