16 de noviembre de 2015

Ingredientes que no pueden faltar en una serie de investigación criminal

Por Luís Fernández

A todos nos encanta un buen caso y un buen misterio. Un cuerpo hallado sin vida o el robo más difícil del mundo nos hacen suspirar delante de la televisión anhelando poder resolverlos. Amamos esa tensión y nervio durante los 40 minutos de una serie para intentar adelantarnos a los encargados de investigar. Y esa mezcla agridulce, entre frustración y sorpresa, cuando descubrimos que nuestras cábalas no han tenido ningún sentido, porque en el doble tirabuzón con triple mortal atrás que se había convertido el caso nos perdimos en alguna de las vueltas. Y cada día, al final, volvemos a picar con las mismas series. Aquí os dejamos 10 ingredientes básicos de una serie de investigación como 'NCIS: Nueva Orleans'.

Es necesario. Su presencia oprime. Es el típico personaje que soltará la tan manida "No me importa cómo lo hagáis, pero resolvedlo". Que siempre te deja preguntando hasta qué punto se cumple con la legalidad en estas series o qué tipo de valores morales manejan sus protagonistas. Da igual, el jefe quiere el trabajo hecho y no dudará en usar métodos poco ortodoxos.
Es necesaria. Enseguida nos cansamos de ella, pero el ser humano tiene una tendencia constante al "arrejuntar". Nos apasiona crear parejas tanto como lo hace resolver casos. Y si un caso resuelto acaba con una nueva pareja, pues muchísimo mejor. Eso sí, cuando llevamos 9 temporadas y la tensión sigue sin resolución, para bien o para mal, quizá es hora de dejar de ver la serie.
Lo necesitamos. Es la sal de cada día. Él nos va a resolver cualquier caso casi sin querer. Probablemente distraído y con tantos conocimientos que su cabeza simplemente da tantas vueltas que, aún pudiendo resolver el caso en los primeros 5 minutos, se volverá loco pensando en tantas posibilidades que la válida siempre será la última. Nunca puede fallar una referencia cinéfila en sus conversaciones.
Ay, el forense. Qué gran figura y cuántos momentos de alegría nos da, paradójicamente. Este personaje siempre despierta un extraño recelo en el espectador a causa de su fascinación con la muerte. Siempre consigue la más ligera de las conversaciones a pesar de tener un cadáver delante. Nos fascina su naturalidad y su capacidad de aterrarnos con su frialdad. No tiene por qué ser recurrente, pero siempre nos gusta una visita del forense. 
Todos necesitamos un guía, no necesariamente espiritual. Un líder que ponga orden en el caos, que organice al grupo, que sea esa persona a quién seguir cuando la tormenta llega. Da igual que sea viejo, joven, mujer, hombre… siempre despertará confianza en su grupo y en el espectador. Y cuando falle, todos nos pondremos de su lado a pesar de haber metido la pata hasta el fondo. Si él se llena de mierda, el resto también.
Como comentábamos en la introducción, nos gusta resolver un caso. Pero que no sea muy largo. Como dure más de dos capítulos perdemos el interés. Nos gusta que nos pongan a prueba en cada emisión pero saber la respuesta lo antes posible. Irse a dormir sin descubrir al asesino nos volverá locos y acabaremos trastornados. Por eso amamos tanto las series procedimentales.
Para contrarrestar el punto anterior siempre cabe decir qué capítulos sueltos están bien, pero un poco de enjundia tampoco nos desagrada. Está bien poder saltarse algún capitulo sin perder el hilo, pero necesitamos un arco mayor que de vidilla a los personajes, que se enzarcen entre ellos y que evolucionen.
Y en relación con el arco, no pueden faltar los fantasmas del pasado. Los necesitamos. Sea al protagonista o a uno de sus compañeros de batalla, siempre nos vuelve locos, como fans de One Direction, que un malo del pasado vuelva en busca de venganza. Cuanto más misterioso mejor y si los protagonistas acaban al final de temporada en una situación de vida o muerte aún mejor. Acabaremos indignados si el escenario no se resuelve y nos veremos obligados a ver la siguiente temporada para saber qué pasa. Las series de investigación criminal nos han vuelto adictos.