Instinto Básico: con ellos llegó el escándalo

Por Claudia Lorenzo

Se dice que es la película más pausada de la historia del cine e incluso los que no la han visto saben que esa imagen de Sharon Stone sentada, con las piernas cruzadas, enfundada en un ajustado vestido blanco, esconde algo prohibido.

Llegó en un momento álgido de la epidemia de SIDA (su protagonista, Michael Douglas, declaró querer hacerla por estar seguro de que después ya no dejarían hacer esas escenas de sexo), en una época en la que los delitos violentos parecían campar a sus anchas, y consiguió hacer de un film noir un icono de los noventa, la película que convirtió a Sharon Stone en una bomba sexual y la que marcó un punto de inflexión en esa (pasada) época en la que thriller y erótico parecían ir de la mano junto a Michael Douglas, la propia Stone, Demi Moore, Richard Gere y tantos otros…
El erotismo estaba en su apogeo y nada ni nadie iban a pararlo. Los éxitos de taquilla con escenas subidas de tono copaban las salas cada fin de semana (y las reemisiones en televisión) y la violencia y el sexo, dos instintos básicos, protagonizaban el romance del momento. Atrás quedan esos días en los que Hollywood era poco mojigato y en los que las grandes estrellas, más allá de proyectos independientes, no tenían problema en mostrarse en pantalla tal y como lo harían en una playa nudista.
Empezando por el húngaro Joe Eszterhas, quien cobró tres millones de dólares por el guión original en spec (esto es, que nadie le había pedido ni encargado), de Instinto Básico, bastante más que la actriz principal, Stone, que era en aquel momento una desconocida. Él y Shane Black fueron las grandes estrellas de rock de los 90 (sobre todo teniendo en cuenta que, después de todo, pertenecían a uno de los gremios más maltratados de la meca del cine). Cuando las películas dejaron de devolver beneficios astronómicos, las millonarias ofertas por guiones originales también desaparecieron.
No hay que olvidar que, en aquel momento, Stone había participado en Desafío Total (de donde conocía al director Paul Verhoeven) y poco más. Y aquí hacía el personaje de una mujer poderosa, sospechosa de ser una asesina en serie, que disfrutaba tanto de estar en control de las situaciones como de poner nerviosos a quienes la rodeaban. Enseñando su cuerpo entero, incluyendo una parte que, otra vez, en grandes taquillazos hollywoodienses ni siquiera se intuye, Sharon Stone dejó boquiabiertos a espectadores y críticos con su Catherine Tramell. Era puro sexo la Stone. Y puro poder.
Ni Wall Street, ni Un día de furia, ni Jóvenes prodigiosos, ni siquiera ese Óscar como productor que tiene por Alguien voló sobre el nido del cuco. Michael Douglas siempre estará en la memoria de los espectadores por haber encadenado una serie de éxitos ochenteros y noventeros eróticos que, además de como buen actor (que lo era) nos lo vendían como icono erótico de la época sin que nadie dijese ni pío. Porque, a ver, ¿quién tenía planta más que él para hacer Atracción fatal, Instinto Básico y Acoso, casi de seguido?
Y a los que os sulfuráis, no hablo de escenas. Hablo de instantes. Microsegundos. Dicen algunas lenguas (Sharon Stone) que el director no la avisó de que sus genitales entraban en cámara cuando le pidió que se quitase el tanga, “porque reflejaba en cámara”. Que se vio por vez primera en primer plano al estilo comando en un pase de prueba y le cruzó la cara a Verhoeven. Que después decidió dejar el plano y no quejarse. Dicen otras lenguas (Verhoeven) que el plano estaba claro desde el principio de rodaje y que no fue la actriz quien puso pegas sobre su grabación, sino su agente cuando lo vio. Y dicen las lenguas más fidedignas (Eszterhas) que es una pena que el momento más recordado de una de las películas que él escribió se le ocurriese al director: “Ojalá hubiese escrito yo esa maldita escena”, declaró.
Mira en este vídeo el lado más personal de Sharon Stone.
Artículo escrito por losExtras.es
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