10 de noviembre de 2016

Jack Reacher vuelve a la acción

Por Manu Sueiro

Pasar del medio siglo en Hollywood puede significar un viraje hacia una incierta madurez interpretativa. Un limbo donde el teléfono empieza a sonar para hacer del padre de un guaperas, de avezado bróker o de boxeador inherente. No es el caso de Tom Cruise, quien año tras año se aferra como un imán a su appeal de héroe dramático por mérito y excelencia. El chico de Siracusa, al igual que Matthew McConaughey, evolucionó pronto de papeles de poner la cara ('El color del dinero', 'Cocktail') a romperse cuerpo y mente para conceder al público grandes dosis de adrenalina a través de un más que respetable carisma ('Minority Report', 'Collateral'), hasta el punto de volar como Ícaro a la redención del héroe urbano, sin hogar y sin pistola que teje la chupa de cuero del inefable Jack Reacher.

Es inevitable buscar las diferencias y semejanzas con su homólogo Ethan Hunt, cuya saga Impossible sigue también vivita y coleando.
El origen de Jack Reacher es incierto y su paradero desconocido. Aparece cuando se le necesita, sin intermediarios ni gafas explosivas de por medio. La nueva entrega rebusca en algunos rincones de su pasado, esclarece su conexión con el FBI y atestigua la soledad buscada de un héroe maldito cuyo halo de misterio atrapa al espectador.
El filme inicial sorprendió por sus grandes dosis de diálogo en menoscabo de las clásicas persecuciones del género. Tras un tremebundo tráiler se escondían largas secuencias de reflexión, vitales para descifrar la identidad de un francotirador desconocido. 'Nunca vuelvas atrás' repite la fórmula con un guion más fresco y conciso, en el que los personajes se cuentan con los dedos y la acción brota de un modo potente, oportuno y sin grandes artificios, a veces incluso con las manos.
Si bien el día y la noche están equilibrados, la sensación de oscuridad de esta saga es uno de sus elementos más identificativos, un ingrediente que puede beber del cine de David Fincher y del Batman de Christopher Nolan. Habitaciones de motel, asépticos almacenes o hasta un carnaval atestado de gente son lugares propicios para que la justicia se libre al modo de Jack Reacher.
Una particular diferencia con Hunt y, sobre todo, con el clásico Bond, es la impasibilidad emocional a la par que dependencia profesional entre Tom Cruise y su compañera de faena. No en vano, la figura de espía desaparece para ensalzar el rol de la mujer que investiga el caso, bien una abogada (Rosamund Pike) o la militar que co protagoniza la segunda parte (Cobie Smulders). También la víctima cobra un papel importante.
Tras dirigir la obra inicial de Jack Reacher, Christopher McQuarrie se hizo cargo de la quinta parte de Misión imposible, a la que algunos críticos tildaron de “febril” e “intimista”, adjetivos aplicables al Reacher que modeló con la ayuda del guionista Josh Olson. Le coge el testigo Edward Zwick para la secuela, cuya sensibilidad dramática es palpable en filmes como ‘Diamante de sangre’ o ‘El último samurái’, en la que Cruise, sereno ante el filo de una espada, nos enseñó que el honor está por encima de uno mismo.