18 de noviembre de 2016

Jodie Foster, la estrella intelectual

Por Claudia Lorenzo

Cuando uno, de vez en cuando, en esos momentos nostálgicos que nos da la vida post-Youtube, vuelve a ver el discurso que Jodie Foster dio en 2013 a propósito del premio Cecil B. DeMille que le entregó la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, no puede más que maravillarse ante lo rápido que habla esta mujer y lo muy inteligente que es. Porque el mejor sentido del humor, el más fino y agudo, no nace sólo de la gracia, sino también de la brillantez mental. Foster ha sido y es una intérprete, productora y directora respetada. Pero también es, sin duda alguna, una intelectual.
Cuando ‘Taxi Driver’ se presentó en Cannes, las complicadas preguntas en francés a Scorsese y Schrader, director y guionista de la película, se convertían en una amalgama de confusión mientras los traductores intentaban versionarlas en inglés, y el caos se apoderaba de la sala, un caos algo divertido, como recordaba el crítico de cine americano Roger Ebert, allí presente. Hasta que alguien le prestó atención a una de las protagonistas del filme, una adolescente sentada en un lado de la mesa. Le hizo la pregunta y, antes de que el traductor pudiese abrir la boca, la joven actriz contestó en perfecto francés. Los galos, y no tan galos, presentes aplaudieron sin cesar a una americana que hablaba como ellos. Jodie Foster llevaba años estudiando en el Liceo francés.
Jodie Foster estudió Literatura en Yale y se graduó magna cum laude, escribiendo una tesis de final de carrera sobre escritoras afroamericanas como Toni Morrison o Alice Walker: “escriben sobre experiencias que son diferentes de las de otras mujeres y, a la vez, lo mismo”, declaró cuando se preparaba para abandonar la universidad. En 1997, la universidad le concedió el título de Doctora honoraria en Bellas Artes. Durante un tiempo, hasta que se topó con el papel de ‘Acusados’, se planteó continuar en los estudios y dejar la actuación de lado. Después de todo, llevaba trabajando desde los tres años.
En 1991, Jodie Foster dirigió su primera película: ‘El pequeño Tate’, la historia de un niño prodigio hijo de una madre trabajadora y alumno de una profesora también prodigio cuyo desarrollo intelectual se ve rápidamente impulsado por la alianza de ambas mujeres. “Es un filme personal”, declaró Foster. “Tenía sólo 27 años y el material estaba hecho a la medida de mi estilo de vida, signifique lo que signifique ser prodigio. Pero sí que viví una vida prodigiosa de joven y, en algunas cosas, me parecía a su forma de pensar. Es algo maravilloso vivir eso, un regalo, pero también es cruel. La lucha entre la cabeza y el corazón se simboliza en estas dos mujeres que se pelean por él. Sentí que era la historia de mi vida.
En una entrevista, a propósito del estreno de ‘Nell’, un periodista le preguntó por qué no interpretaba a mujeres como ella, intelectuales, cosmopolitas, listas. “Siempre he dado por hecho mi vida intelectual”, respondió ella. “Siempre he sido una intelectual. Ha sido fácil. Era aquéllo en lo que era buena. Por eso tuve buenas notas. Así que, naturalmente, me atrae lo opuesto a la hora de actuar”. Y, a propósito de ese filme, en el que interpretaba a una joven criada en el bosque en soledad que no sabía hablar, añadía: “Pero también aprendí que el lenguaje podía impedir la comunicación. Después de todo, el lenguaje representa el poder de clasificación y análisis. Lo que te hace sentir es lo que te hace crecer. Ése es el drama de mi vida: ¿puedo ser intelectual y aun así sentir?”
Artículo escrito por losExtras.es
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