15 de junio de 2017

'La historia interminable': El héroe que nos salvó de la nada

Por Álex Merino Aspiazu

¿Qué tienen en común Luke Skywalker, Neo y Frodo? Sí, todos son personajes centrales de películas ultra-taquilleras, pero hay algo más: sus aventuras comparten un mismo patrón, el denominado Viaje del Héroe. Con sus diferencias y peculiaridades, los periplos heroicos se dividen en tres grandes etapas -Salida, Iniciación y Regreso- y están presentes desde la mitología clásica hasta la cultura contemporánea. Para entenderlo mejor, recorreremos Fantasía de la mano de Bastian, el pequeño gran héroe de La historia interminable. ¿Por qué Bastian y no otro? Porque cumple el arquetipo del héroe a la perfección, porque forma parte indisociable de nuestros corazones y porque, maldita sea, todavía suspiramos por darnos una vuelta a lomos de Fujur.
En un primer momento se nos presenta al héroe en su mundo ordinario. En este caso, contemplamos a Bastian, un niño de 11 años cuya vida no es precisamente un jolgorio constante. Su madre ha fallecido, su padre se empeña en  convertirlo en un hombre y, para colmo, unos matones de instituto tratan de hacerle la vida imposible.

Afortunadamente para él, existe un refugio donde cobijarse cuando las cosas no marchan como uno quiere: la fantasía. Y es ahí donde Bastian recibe la llamada de la aventura.
Huyendo de los matones, Bastian se refugia en una vieja librería donde Karl Konrad Koreander, el anciano librero, le hace entrega de un libro muy especial. No se lo entrega directamente, claro, sino que finge dejarlo descuidado un tiempo para que el niño pueda llevárselo, pero a efectos prácticos es lo mismo. ¿Un anciano como motor de arranque de una aventura? ¿De qué nos suena eso? ¿Ha mencionado alguien a Yoda o Gandalf?
Es leyendo este libro especial en el ático del colegio, huyendo de un examen de matemáticas (pillín...), cuando Bastian descubre un reino mágico, Fantasía, que está siendo devorado por la Nada y tiene los días contados salvo que alguien pueda evitarlo. Aquí comienza la lucha crucial, la que enfrenta a Fantasía y Nada, es decir, la Construcción contra la Destrucción.

El único capaz de desequilibrar la balanza y obtener la victoria es, por supuesto, Bastian, o mejor dicho, su alter ego literario: Atreyu, el joven cazador de la tribu de los Pieles Verdes. Hay un dato muy interesante que en la película no resulta tan evidente como en la novela de Michael Ende en la que se basa, y es la representación de una masculinidad no-normativa. En la novela, Bastian es un niño con un ligero sobrepeso y problemas de sociabilidad que siente una notable admiración y casi fijación por Atreyu, que representa al apuesto guerrero y todo lo que Bastian no es. Sin embargo, y como veremos más adelante, la verdadera clave para vencer a las fuerza de la Nada está en manos de Bastian, convirtiéndose así en el gran héroe.
Una vez que el héroe ha aceptado su misión, comienza una aventura plagada de compañeros de viaje y no pocos obstáculos que superar. Bastian/Atreyu inicia su andadura en compañía de Fujur, el emblemático dragón blanco de la suerte, al que se van sumando en diferentes etapas otros personajes fantásticos. Algunos le proporcionan medios de transporte, otros consuelo y curación y hay quien le ofrece su sabiduría para guiarlo en su expedición.

Una etapa crucial en el viaje del héroe es el encuentro con el Oráculo. Está en Matrix (¿cómo olvidar a esa señora con el delantal puesto y fumando en la cocina de su casa?) o en El señor de los anillos (cuando Galadriel le muestra a Frodo el devenir de su aldea), por seguir con los ejemplos previos. El Oráculo tiene como objetivo guiar al héroe en su misión y aportarle ciertas claves para lograr su objetivo, pero nunca puede darle la solución final porque a ésta sólo puede accederse desde el autodescubrimiento.

En su etapa con el Oráculo, Atreyu se ve obligado a enfrentarse consigo mismo, y al observar su reflejo en el espejo es a Bastian a quien ve. Son uno y el mismo, pero ninguno de los dos lo sabe aún. No será hasta que Bastian se reconozca en Atreyu cuando pueda derrotar a la Nada.

Los vasallos del mal, súbditos del Gran Enemigo, tratarán de detener al héroe, dándole muerte si es necesario. Llamémoslo Agente Smith, Saruman, Guardia Imperial o Gmork, el feroz hombre lobo que se enfrenta a Atreyu en los compases finales de su periplo. Derrotarlo será un paso necesario para poder acceder al siguiente y definitivo nivel.

Y es ahí cuando llega el turno de la Prueba Suprema, la que enfrenta a las fuerza del Bien y del Mal. A menudo el enemigo a batir es el Padre o un representante de la figura paterna, como es el caso de Darth Vader en Star Wars. En La historia interminable existe también esta lucha entre el padre y el hijo, aunque no de una forma directa. Bastian, un niño que encuentra en los libros una vía de escape a la realidad, representa a Fantasía, mientras que el padre, un hombre interesado en la realidad material y enemigo confeso de lo imaginario, representa a la Nada. En la lucha final, Bastian tendrá que hacer frente a los deseos del padre por aniquilar ese mundo especial, y para ello deberá conceder un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil: Hija de la Luna.

Una vez superada la Prueba Suprema, al héroe se le conceden una serie de dones extraordinarios. En este caso, la capacidad de hacer realidad todo cuanto desee.
Y el héroe regresa a su Mundo Ordinario, que es menos ordinario ahora que ha superado todos los obstáculos y ha aprendido valiosas lecciones. Bastian sabe ahora enfrentarse a los matones que lo atormentaban y ha elegido vivir una vida en la que la realidad y la fantasía van de la mano. Porque, como dice Fujur en un momento de La historia interminable, Fantasía no tiene fronteras.
 
¿Y vosotros? ¿Cuáles son vuestras favoritas que cumplen este patrón narrativo?
  • Cine