20 de enero de 2016

'La juventud', estos viejos son muy jóvenes


Por Pedro Moral
'La juventud', este es el título de la última película de Paolo Sorrentino. Sus personajes la evocan, la echan de menos, la olvidan… El director italiano y heredero directo del estilo de Federico Fellini siempre habla de lo mismo, de los trenes que dejamos marchar, de los primeros amores y de los verdaderos amores, de la alegría y de la tristeza de estar vivos, de los amigos y de la eterna juventud. En su última película hay cuatro personajes que ya son mayores, casi ancianos que viven el crepúsculo de su existencia, sin embargo Sorrentino nos salpica y nos llena de vida (y de juventud) a través de ellos. Nunca se ha retratado la vejez con tanta magia y tanto atrevimiento como en esta película.

Parecen viejos, sí, pero realmente los personajes que interpretan Michael Caine, Harvey Keitel, Jane Fonda y Roly Serrano son más jóvenes que cualquiera de nosotros. Todos ellos están pasando unas vacaciones en un hotel de lujo de los Alpes y todos ellos nos recuerdan como hemos de vivir la vida.
El amor, con el tiempo,  se marchita, se olvida o se oxida. Sin embargo, el personaje de Fred Ballinger que interpreta Caine está hinchado de amor por su esposa a la que quiere y respeta sobre todas las cosas. Ella no aparece mucho en la película pero el espectador se puede hacer a la idea de que es alguien excepcional capa de sacar de un hombre unas cuantas obras maestras. Esas canciones simples que este director de orquesta no quiere representar ni siquiera ante la mismísima Reina de Inglaterra. Otra vieja y joven que tiene su pequeña aparición en la película.

Ballinger y su mejor amigo Mick Boyle, interpretado por Harvey Keitel, tampoco sienten remilgos a la hora de valorar la belleza, aquella que buscaba Toni Servillo en 'La gran belleza' está representada aquí en varias formas. Una Miss Universo, una conversación, un paisaje, un reencuentro, sexo furtivo…
En 'La gran belleza' Servillo quería volver a sentir lo mismo que en el primer beso sin darse cuenta que eso es irremplazable. Tan difícil es esto como ir en búsqueda de la obra maestra, sobre todo a una edad en la que la audacia o el riesgo han disminuido considerablemente. Y sin embargo Boyle, el personaje de Keitel, es un director que intenta terminar el guión de su última película: "la mejor", dice él. Una película en la que habla más de sí mismo que de cualquier otra cosa. Pero no hay final, poner el broche a una obra maestra es complicado: ir a lo sencillo o a lo rebuscado, ser complejo o ser simple; hay muchos dilemas durante la fabricación de una obra artística.

El director que interpreta Keytel ha trabajado con las mejores actrices del mundo, es un tipo del nuevo Hollywood que aún tiene muchas cosas por decir, o eso piensa él…
Nunca es tarde para hacer lo que mejor se nos da. Seas lo que seas, hagas lo que hagas nunca renuncies a eso. Nos lo dice Sorrentino y lo hace a través de dos personajes: del director de orquesta Fred Ballinger y de Diego Armando Maradona. Sí, el jugador de fútbol más importante de todos los tiempos aparece en la película interpretado por Roly Serrano.

Fred Ballinger está jubilado y cansado y por eso no quiere dirigir el concierto que le ha encomendado la reina Isabel para el cumpleaños del príncipe Felipe, mientras Maradona mira fijamente una pelota de tenis que hay tirada en el Hotel. Ambos saben que todo eso quedó atrás y ambos acaban aprendiendo una gran lección vital que les rejuvenece y les insufla vida.
Apenas aparece en pantalla, pero durante los dos minutos que la cámara de Paolo Sorrentino enfoca a Jane Fonda el tiempo se detiene. La actriz interpreta a una estrella de Hollywood, probablemente a alguien muy parecido a ella misma. Es la actriz fetiche de Mick y llega justo cuando ellos acaban de dar con un broche magistral que cierre su guión.

Pero Brenda Morel, el personaje de Jane Fonda  es mucho más que una actriz de método, ella es pura vida, pura honestidad, puro magnitismo y claro, pura juventud. Porque a pesar de su avanzada edad y de todos los sueños alcanzados, Morel necesita más. Lo quiere y lo busca, sacrificándose si es necesario. Un piso en Miami, lo vale.
Artículo escrito por losExtras.es
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