11 de diciembre de 2015

'La novia', las claves de la película más poética del año

Al principio era una especie de rumor. 'La Novia' de Paula Ortiz, una adaptación de 'Bodas de sangre' de Federico García Lorca, era preciosa, decían los pocos que la habían podido ver. Al parecer esta historia de amor y violencia sobre una mujer dividida entre el amor de dos hombres muy distintos era extraña, lírica, bonita, emocionante y de estética sublime. Pero solo era un rumor. 

Entonces llegó el Festival de San Sebastián y se convirtió en la sorpresa del Festival, la mejor película española que sin embargo no competía en sección oficial. Inexplicable. El rumor se hizo cada vez más y más grande y ya era imparable. Todo el que la veía se quedaba noqueado. 'La Novia' no pasaba desapercibida, ni para los que la defendían, ni para los que la atacaban. Hacía tiempo que nuestro cine no nos regalaba una propuesta tan arriesgada, tan diferente, tan disfrutable. 

Por fin ha llegado a los cines, el lugar donde se enfrentará al público después de haber recibido nueve nominaciones a los Premios Feroz, entre ellos: mejor película drama, mejor directora y mejor actriz protagonista. Pero… ¿Cuáles son las claves o los hallazgos que hacen de 'La Novia' la película española más estimulante de 2015?
'La novia' comienza con Inma Cuesta llegando herida y sucia tras la tragedia. Hay dos cadáveres encima del caballo negro del que tira. Mira, arrepentida a Luisa Gavasa, su suegra. La novia le pide a su suegra el castigo definitivo, la muerte…

"Porque yo me fui con el otro, ¡me fui! ¡Tú también te hubieras ido! Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes"

En este guión adaptado de Javier García Arredondo y Paula Ortiz, los versos de Lorca se reparten por todo el metraje, intercalados entre frases directas para que el lirismo no abrume sino que arrulle. Arredondo y Ortiz demuestran su sensibilidad y su talento en el libreto. Una adaptación inteligente con la que no caen en el exceso y sí en la emoción.
Esta película ya es un referente estético. La atmósfera del filme es abrumadora. Las salinas desiertas, el caballo negro del personaje de Leonardo (el otro), la mendiga ensangrentada, la hoguera que separa al novio y la novia, cristales que sobrevuelan en la habitación en una de las escenas más oníricas y preciosistas del filme, y la paleta de colores repartida entre ocres y azules intensos, árida por el día y terriblemente melancólica por la noche.
El trabajo de Inma Cuesta en el filme es soberbio. Inclasificable. Lo es porque es muy complicado recitar a Lorca sin caer en la sensiblería, en lo cursi, y lo más difícil aún es recitarlo y hacerlo con fiereza, con convencimiento y romper algo en los espectadores, hipnotizarlos. Y eso es lo que hace Inma Cuesta, que está inmensa en su mirada, en sus lágrimas, en sus dudas, en su pasión, en su desgarro, en su traición, en su arrepentimiento…

Pero hay un momento que lo supera todo, cuando Cuesta canta 'La Tarara'. Caer en el ridículo hubiera sido fatal pero lo evita, es más, convierte esa escena en una de las mejores del filme. Se supera.
Los actores, Asier Etxeandía siendo el novio, Álex García siendo el otro, Leonardo y Carlos Álvarez Novoa como padre de la novia están bien, pero lo de las mujeres en esta película es otra cosa.

Manuela Vellés como esposa de Leonardo está muy contenida, callada y sufridora. Sus escenas son cortas pero su personaje nos cala. Y cuando tiene su gran escena, una de las más duras de la película, la clava con una portentosa entereza. Consuelo Trujillo es la criada y su interpretación también destaca, por la humildad con la que la actriz impregna cada frase, la bondad que coloca detrás de los ojos de su personaje. Y por último Luisa Gavasa como la suegra, arrebatador personaje y perfecta interpretación de la actriz. Sus versos contienen más dolor que el de ningún personaje, más rabia y más violencia, y la forma en la que salen de su boca es difícil de olvidar.
Pedro Vallín, periodista de La Vanguardia, fue uno de los periodistas que inició el rumor sobre la gracia de esta bella película: "Es García Lorca adaptado por Terrence Malick", dijo.  Efectivamente hay algo de 'El árbol de la vida' en el tono del filme y no solo en las preciosistas escenas a cámara lenta que pueblan todo el metraje, también en los detalles más nimios, en el ensimismamiento de la cámara con la luna, con las lágrimas o con los cristales en forma de cuchillo que asaltan a Inma cuesta en sus ensoñaciones.

Paula Ortiz ha dirigido una película de valor incontestable.
Artículo escrito por losExtras.es
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