27 de junio de 2017

Las claves de 'Gru, mi villano favorito 3'

Por Jorge Bastante

Durante muchas décadas Disney ha sido la fuente indiscutible e imperante del cine de animación. Sus clásicos forman parte de la memoria colectiva, mucho más que los de cualquier otro estudio cinematográfico especializado en el género. Quizás por eso resulte curioso que en estos últimos años niños y adultos hayan caído rendidos ante las aventuras de un personaje ajeno a la factoría de Mickey Mouse y con un carisma prácticamente nulo. Gru no es un villano al uso. Sus maquiavélicos propósitos rozan el absurdo y sus secuaces son la antítesis absoluta de la maldad.

Sin embargo, el público ha conectado con él hasta el punto de convertirlo en una de los personajes animados más exitosos de esta década. Esta misma semana podremos volver a verlo en la gran pantalla con 'Gru 3-Mi villano favorito', una película que promete mantener el nivel de humor y acción de las entregas anteriores y que además viene cargada de novedades. ¿Queréis saber qué nos ha preparado Universal para la ocasión? Seguid leyendo y descubridlo.
Si hay algo que a Gru se le da especialmente mal es gestionar las relaciones sociales. En las dos películas anteriores tuvo que lidiar con el cuidado de tres niñas huérfanas, el fanatismo enfermizo de un admirador, la traición de un compañero de oficio y el amor hacia una detective algo peculiar. Ahora, en esta nueva entrega, deberá añadir a su lista la aparición de su hermano gemelo Dru, que pretende encauzarlo de nuevo por la senda del mal. Con personalidades, vidas y metas tan distintas, este reencuentro familiar promete ser un auténtico choque de egos que de seguro nos va a ofrecer momentos divertidísimos.
Otra seña de identidad de las películas de Gru son los enemigos a los que debe enfrentarse. Lejos de parecer intimidantes, su aspecto es casi tan absurdo como los planes que intentan llevar a cabo. En esta ocasión nuestro anti-héroe deberá luchar contra Balthazar Bratt, una antigua estrella infantil de la televisión en los años 80 venida a menos y obsesionada con su hasta el punto de verse obligado a cometer delitos para volver a saltar a la fama. Sus pintas ya muestran que se trata de alguien un personaje algo especial, pero si a eso le sumamos que es el humorista Jorge Cremades quien le da voz, las risas están aseguradas.
Sí, puede que no sean una novedad de esta entrega, ¿pero acaso hay algo más convincente que ellos para acercarse al cine a ver la película? Los minions son las estrellas de la función. Su maldad, su idioma indescifrable y su obsesión con las bananas los han convertido en un auténtico fenómeno de masas. Y aunque lo más seguro es que aquí vuelvan a adoptar un papel más secundario, estamos seguros de que sus intervenciones van a ser tan descacharrantes como de costumbre.
Pese a que el plato fuerte de estas películas es el humor, lo cierto es que las dos entregas anteriores también estaban revestidas de cierta carga emocional. Ésta siempre está asociada a las huérfanas adoptadas por Gru. Agnes, Edith y Margo son las únicas personas capaces de sacar el lado más sentimental tanto del espectador como de nuestro protagonista, y parece que esta vez volverán a lograrlo. Y es que, tras toda una vida desaparecida, es posible que la identidad de la madre de estas niñas por fin salga a la luz en esta segunda secuela. ¿Quién será? ¿Por qué las abandonó en el orfanato y ahora vuelve a sus vidas?
Si bien es cierto que la franquicia dista mucho de presentar síntomas de desgaste, todo parece indicar que esta pueda ser la última película de Gru. Steve Carrell declaró que esta podía ser la última vez que pusiese voz al protagonista en su versión original, y las tramas de esta entrega tienen también un cierto olor a cierre de etapa. ¿Estamos entonces ante el desenlace de esta franquicia? ¿Nos tendremos que despedir de Gru y el resto de personajes de manera definitiva? Seguramente habrá que esperar a ver su recaudación para empezar a sacar conclusiones. Al fin y al cabo, y para bien o para mal, aquí el dinero es siempre quien tiene la última palabra.

Fotos: Getty Images