10 de noviembre de 2016

Las historias detrás de los rodajes más locos de Hollywood

Por Claudia Lorenzo

La espectacularidad de algunos sets de rodaje es necesaria para contar determinadas historias, especialmente esas que recrean mundos imaginarios, fantásticos o más grandes que la vida misma. O tragedias imposibles de repetir, ni de imaginar. El cine ha tenido, en sus mejores momentos, un halo de magia e irrealidad que nos atrae una y mil veces hacia él. Y si bien los rodajes naturalistas, realistas o independientes dotan a las películas de un encanto especial, en determinados momentos, a nadie le amarga un dulce.
La película duraba más de tres horas, y gran parte del drama se desarrollaba en escenarios llenos de agua. Y ya lo dijo Spielberg tras filmar 'Tiburón', al agua mejor no acercarse con las cámaras. Un reto, más que mezclarse con el elemento líquido, era hacerlo con alguien tan perfeccionista como James Cameron a la cabeza. 160 días de rodaje, con un Titanic casi a tamaño real construido en unos estudios en Baja California y con una decoración quisquillosamente fiel a la realidad. En su época, fue la película más cara de la historia del cine. También fue su mayor éxito
Más todo: más rápida, más compleja, más frenética, con más efectos y más riesgos, así era ‘Matrix Reloaded’, secuela de la impresionante Matrix. Dentro de su rodaje se encuentra una de las persecuciones más espectaculares (en pantalla y rodaje) de la historia del cine, una secuencia para la que se construyeron más de dos kilómetros de autopista, además de utilizar la Base Naval y aérea en Alameda, California para rodar parte de los planos.
Con la que lió D. W. Griffith con 'El nacimiento de una nación' y las acusaciones de racismo que la opinión pública volcó sobre él tras la inclusión de Klu Klus Klan en la trama, su posterior rodaje fue una historia pacifista, 'Intolerancia', en el que entrelaza cuatro historias a lo largo de más de tres horas de película, entre ellas la caída del Imperio de Babilonia. Más de 3.000 extras, un presupuesto de rodaje de cerca de 2.5 millones de dólares (una suma astronómica en aquella época) y un fracaso en taquilla que condenaron a Griffith a su posterior ruina.
Trescientos sets de rodaje. Nueve estudios de sonido. 10.000 extras. Cientos de animales, miles de armaduras, decenas de miles de vestidos, una batalla naval rodada en un tanque en los estudios de California, y una cantidad ingente de personas involucradas en uno de los rodajes más agotadores de la historia del cine. Nueve meses de trabajo en set, tres de ellos sólo para rodar la famosa carrera de cuadrigas y, como resultado, una espectacular obra maestra de la historia del cine. Así se las gastaba William Wyler.
La Ciudad de la Luz, esos estudios de rodaje impresionantes que se encuentran en la costa levantina (y que lleva años abandonado), fueron utilizados para recrear el tsunami de Tailandia, en el mayor tanque de agua existente en Europa. Hasta diez cámaras submarinas se utilizaron para filmar todo lo que ocurría con los protagonistas, el agua se ensució con materiales naturales y se manejaron, en la película, más de 8.000 extras. 25 semanas de rodaje para una de las grandes superproducciones españolas de la historia.
Un presupuesto escalado en más del 50% (de 30 a 48 millones de dólares) y un rodaje en los estudios ingleses de Pinewood que ocupó casi toda la totalidad de las instalaciones para recrear mundos como la mansión Wayne o, sobre todo, la tenebrosa metrópolis de Gotham, de cuyo diseño se encargó Anton Furst. A pesar de los diversos problemas de rodaje, desde huelga de guionistas hasta película robada, y a pesar de que Tim Burton, su director, declaró que había sido una de las peores épocas de su vida, hoy en día es un clásico algo rebelde en las películas de superhéroes.
Como rodar una película épica debe ser relajado, Peter Jackson, cabeza pensante de la trilogía de Tolkien, decidió que, ya que se ponían, iban a rodarlo todo en una vez. Más de 400 días de rodaje en decorados y localizaciones reales de Nueva Zelanda, siete unidades diferentes trabajando a la vez y un director que se alimentaba de pasión y descansaba unas cuatro horas de media al día. Óscars a porrillo para la última entrega (en un acto que se vivió como premio a las tres películas) y un filme que ya es historia del cine.
El que iba a ser un rodaje de cinco meses en Filipinas acabó por ser una de las experiencias más duras y extensas de la carrera de Coppola, aunque sirvió para crear una obra maestra. Tifones que destrozaron los sets de rodaje, Martin Sheen borracho en algún momento y víctima de un ataque al corazón en otro, Marlon Brando gordo y sin haberse preparado el papel… multitud de problemas que hicieron que el rodaje, de más de un año de duración, pasase de ser una espectacular recreación natural de Vietnam a, en palabras de su director, convertirse en el verdadero Vietnam.
Artículo escrito por LosExtras.es