27 de abril de 2018

Las mejores escenas de Bailando con Lobos

Por Mikel Iturbe

Corría el año 1990 cuando Kevin Costner dirigía y protagonizaba Bailando con lobos, una película que ganaría nada más y nada menos que siete estatuillas, entre las que destacan Mejor película y Mejor dirección. El largometraje es una pequeña maravilla, una oda a la naturaleza y a la cordialidad. Por ello, hoy os traemos las cinco escenas más emblemáticas de la película, que aúnan su espíritu salvaje y que evocan tiempos en los que la calma y la tranquilidad tenían más importancia en las películas comerciales. Y, probablemente, en la vida en general.
Una de las primeras escenas que merece la pena destacar de la película es en la que vemos al teniente John Dunbar cabalgando contra las balas enemigas con los brazos abiertos. Es un momento muy poderoso, que define el destino del protagonista. Tras ser herido en la guerra, y sopesando un futuro en el que puede perder una pierna, John decide morir. Pero el destino lo salva, y entonces nos queda un hombre en paz, que aprecia cada detalle y que busca la soledad para terminar de encontrarse a sí mismo.
Nunca han sido fáciles, en la historia de la humanidad, los choques entre dos civilizaciones. Por desgracia, muchos de ellos siempre han estado manchados de sangre. Pero, en esta película, se nos quiere mostrar cómo es posible un acercamiento pacífico cuando dos culturas diferentes hacen por entenderse. La escena en la que el teniente John está compartiendo algo tan simple como un poco de café y algo de azúcar con los indios Sioux es la prueba definitiva de que hay que abogar siempre por tender puentes y por entenderse. Una secuencia que resume muy bien uno de los mensajes más profundos del filme.
Hay pocas secuencias en el cine tan bellas a nivel estético como la caza de los búfalos que llevan a cabo los indios y el teniente. Decenas de nativos americanos cercan y abaten a flechazos a sus presas. Una escena sin efectos digitales rodada con maestría, que es también muy representativa de la belleza que se nos muestra a lo largo del filme. La belleza natural, tanto animal como paisajística, ayuda a conformar una fotografía ganadora de un Oscar.
Puede que la escena más emblemática del filme sea en la que vemos al teniente bailar junto al fuego bajo la mirada de su caballo y de Calcetines, el lobo que merodea por el fuerte en el que vive. Aquí vemos a un hombre que había perdido la esperanza y las ganas de vivir, abrazando una cultura que no es la suya, y que le invita a bailar y a ser feliz. Comienza a apreciar el sentirse aceptado por gente que creía diferente, y que resulta ser más sencilla y amistosa de lo que él habría imaginado.
La última escena que llama la atención por su dureza es en la que se nos muestra a los que antes fueran compañeros de John, disparando contra el lobo que había sido de alguna forma su compañero. Esto es una dura crítica contra la cultura occidental y su falta de respeto por los valores naturales y culturales diferentes a los suyos. Kevin Costner, como director, muestra a lo largo de todo el filme un profundo respeto por la cultura nativa americana, y trata de plasmarla con rigurosidad, y no con la sarta de clichés que nos había vendido Hollywood. Por ello, el lobo simboliza en ese momento todo lo bueno y puro que el hombre blanco se ha empeñado en corromper a lo largo de la historia.
Por lo tanto, Bailando con lobos es una película naturista, pacifista y conciliadora. Brilla en el aspecto técnico, y se esfuerza en dejarnos escenas para la historia. Una joya de la historia del cine. No te la pierdas el martes 1 de mayo a las 15:50. ¡Y justo después en Replay!
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