2 de agosto de 2016

Las muertes menos creíbles del cine (I)

Por M.J.Arias

Vale que no es algo que se pueda ensayar como llorar, reír o que te disparen. Quiero decir, que si uno se muere, se muere y ya está. Es algo que no se puede aprender para luego repetirlo ante la cámara. Pero pese a ese 'pequeño' detalle, lo cierto es que hay actores que saben hacerlo mejor que otros. Como Sean Bean, por ejemplo, que tiene práctica en esto de morir ante la cámara. Es todo un maestro. Sin embargo, otros como Jack Nicholson no resultan creíbles ni a fuerza de repetirlo. Se mueren y el espectador se queda con cara de 'venga, ¿en serio?'.
Lo de ‘Infiltrados’ era un no parar. Es como si de pronto Scorsese se hubiese dado cuenta de que se le había ido la mano con el metraje y decidiese resolverlo todo a tiros en veinte minutos. Conste que es de las mejores del maestro Martin, pero el desenlace fue frenético. Y en medio de todo eso, ahí estaba Jack Nicholson. Un actor de incuestionable talento que sabe hacer de todo de forma convincente menos lo de morirse. Porque su muerte a cámara lenta en ‘Infiltrados’ dejaba mucho que desear.
Lo de Marion Cotillard en ‘El Caballero Oscuro’ es de Razzie. Ahí, recostada de mala manera en la cabina del camión soltando todo un último discurso sobre su padre y tal ante la atenta mirada de Batman y el Comisario. Todo iba bien, muy dramático, muy sentido… hasta que la francesa decide que es hora de morirse y ¡zas! lo hace. Así, sin más, con un cabeceo como fortuito y un cerrar de ojos rápido. No hay quien se lo crea.
Volvemos con Jack Nicholson. Va a parecer que le tenemos manía, pero nada que ver. Es que se ha dado así la cosa. En ‘Mars Attacks!’ moría y su deceso también se las traía. Que un alien te atraviese de la forma en la que le atravesaban a él tiene que doler. Pero la cara de Nicholson era más de sorpresa que de dolor infernal. Se quedaba todo tieso y se caía para atrás con los ojos en blanco y la boca abierta.
Y otra vez el cine de superhéroes. Si la de Marion Cotillard era tan rápida que casi ni te dabas cuenta, la de James Franco es eterna. ¡Ay qué ver lo que tarda este chico en irse al otro barrio! La escena es eterna. Con él con cara de palo, con sonrisa de medio lado y ni una lagrimilla. Si debería estar muriéndose de dolor. Ahí los únicos que lloran con Peter Parker y Mary Jane. Y con ellos hechos un mar de lágrimas, él se duerme y listo, ya está muerto.
Haciendo memoria sobre las muertes menos creíbles en esto del cine ha venido a la mente aquella que hace unos años se convirtió en todo un fenómeno viral. Se vio en una película turca de comienzos de los setenta titulada Kareteci Kiz y la escena habla por sí sola. No sé qué es peor de todo. Si la cara del actor, su bigote, que le disparan y la sangre no empieza a salir hasta que él se lleva la mano al abdomen (la bolsa de sangre de pega la debía de tener él) o lo largo que se hace todo a cámara lenta. Sea por alguna de estas razones o todas juntas, sin duda es una de las peores vistas en la pantalla.
Artículo escrito por losExtras.es