Lo que no sabías de ‘La chaqueta metálica’

Por Pedro Moral

Desde que Stanley Kubrick filmara 'Senderos de gloria'  tuvo ganas de repetir con otra película bélica. A finales de los años 70 ese deseo fue creciendo enormemente en su interior, pero un tal Francis Ford Coppola se le adelantó con 'Apocalypse now', la gran película bélica del Nuevo Hollywood. "No es un filme sobre Vietnam, es Vietnam", declaró el director de 'El Padrino'en la presentación de el Festival de Cannes. Así que Kubrick se dedicó a rodar 'El resplandor' por que no era tonto y sabía que nadie podía competir con la magnánima obra de Coppola. 

En 1986 apareció otra gran película bélica titulada'Platoon', el cine sobre Vietnam se volvió a poner de moda y Kubrick aprovechó la coyuntura para estrenar su película sobre esa terrible guerra adaptando la novela de Gustav Hasford. Así nació 'LA CHAQUETA METÁLICA'

Comienza el casting y el director usó a Lee Ermey, un veterano de Vietnam, para humillar a los actores que acudían al casting para interpretar a los soldados. Era tal la rotundidad y la deshumanización del soldado a la hora de gritarles que Kubrick se dio cuenta que tenía ante él al actor perfecto para interpretar a uno de los personajes más icónicos de la película, el sargento Hartman. Un papel para el que se habían barajado nombres como Clint Eastwood, que venía de hacer 'EL SARGENTO DE HIERRO'.

Hartman gritaba a dos de los soldados más famosos de la historia del género bélico: el recluta bufón (Matthew Modine) y el recluta patoso (Vincent D'Onofrio). Éste último llegó a engordar 29 kilos para el papel rompiendo así el récord que había establecido Robert De Niro en su interpretación de Jack la Motta en 'TORO SALVAJE'. La sonrisa D'Onofrio es un claro homenaje a la que Nicholson ponía en sus momentos más esquizofrénicos de 'EL RESPLANDOR'.

La película está claramente dividida en dos partes. La primera se centra en Parish Island, el centro de entrenamiento de la marina norteamericana. Hartman, duro e implacable, tiene la misión de convertir a unos cuantos "chicos" en verdaderos soldados. La segunda parte es el infierno de la guerra, la contundente violencia de la batalla y el poder manipulador del periodismo. 

Son dos películas en una, dos géneros distintos, dos ideas contradictorias de entender la guerra. Una dupla que se encuentra durante toda la película simbolizada en el recluta bufón, en su casco lleva un pin de la paz pero además se puede leer la siguiente frase: "Nacido para matar". En ambas partes la banda sonora la firma la hija de Kubrick, Vivian Kubrick, que utilizó el seudónimo de Abigail Mead. 

La parte más violenta de la película transcurre en Hue, una ciudad que se construyó en una fábrica abandonada de Beckton con 200 palmeras de España y 100.000 plantas tropicales traídas de Hong Kong. Allí los actores se veían las caras con el mismísimo infierno de la guerra. Una niña vietnamita actúa como un francotirador letal, la fatalidad de la guerra no entiende de edades. La dureza de la novela de Hasford no se quedaba ahí, e incluso Kubrick llegó a rodar una escena, que por supuesto nunca utilizó, donde los soldados le cortaban la cabeza a la francotiradora vietnamita y se ponían a jugar al fútbol con ella.

Kubrick retrató con crudeza la inútil guerra que acabó con tantos soldados traumatizados de por vida. Y lo hizo dejando claro que la mayoría de ellos nunca dejaron de ser niños, por eso, en esa bella escena final, todos avanzan alumbrados por el fuego de las explosiones cantando al unísono una canción infantil. Son adultos que juegan a la guerra. 

El propio Stanley Kubrick dijo sobre el famoso conflicto: "Vietnam fue probablemente la primera guerra que parecía dirigida por una agencia publicitaria, sobre todo durante la era Kennedy. Se hablaba de estimaciones positivas a nivel de costes, estadísticas manipuladas, porcentajes de muertes y predicciones falseadas para convencernos de que la victoria era la luz al final del túnel".