27 de julio de 2017

Los 10 mejores momentos de la saga Transformers

Por Pol Llongueras

Placer culpable para algunos, insulto al cine para otros; lo cierto es que la saga Transformers, que este mes ha cumplido diez años desde el estreno de su primer filme, ha dado que hablar a cinéfilos y espectadores ocasionales de todo el mundo. Y pese a que a nadie parecen gustarle, acostumbran a encontrarse en el TOP 5 de películas con más recaudación del año.

Aunque al tío le gusten las explosiones un poquito más de lo que se consideraría sano, envuelva la mayoría de planos con banderas americanas, y sea ruidoso, y con poca gracia, el savoir-faire técnico de Michael Bay resulta innegable. Y dónde hay savoir-faire técnico, aunque sea a forma de insistir, hay momentos memorables. Nosotros, hemos seleccionado diez.

Y si eres de los que no te la pierdes por nada del mundo, ¡estás de suerte! Regalamos entradas y un pack de la película.

ENTREVISTA EXCLUSIVA A MICHAEL BAY
Así empezó todo. Negro, los logos de DreamWorks y Paramount se desperezan emitiendo logos mecánicos, y la narración de Peter Cullen bajo la piel metálica de Optimus Prime: la llegada de los Autobots en respuesta a la llamada de Bumblebee es una combinación perfecta de efectos especiales, banda sonora y dirección.
Dicen que Anthony Hopkins quitaba mérito a la interpretación por la que es más recordado (El silencio de los corderos, 1991) indicando que él sólo se limitó a leer las líneas de diálogo que otro había escrito. Transformers: El último caballero no va a pasar a la historia de la narrativa, pero ver a un Sir británico desfasándose entre los extraterrestres de piel metálica entra, por propio derecho, en los mejores momentos de la saga.
Una secuencia de cinco minutos de choque de titanes que culminan con la muerte de nuestro camión de carga Peterbilt favorito. Intentando proteger a un insufrible Shia LaBeouf, Optimus destroza árboles, cabezas y reparte golpetazos a diestro y siniestro sólo para ser empalado por el pecho por el espadón de Megatrón. Aunque no os preocupéis: ¡hay Optimus Prime para rato!
Con los Caballeros Cibertrónicos a punto de ejecutar a Optimus Prime por haber traicionado a su raza, a Cade Yeager no se le ocurre otra cosa que ponerse en medio e intentar parar el espadazo con la mano… sin saber que un talismán metálico que le han entregado al principio de la película no es nada más ni nada menos que Excalibur, la legendaria espada del Rey Arturo. Toma momento épico.
Desprovisto de épica, no se le otorga ninguna importancia, pero sin embargo significa un cambio de rumbo mayor en la franquicia. La era de la extinción nos introduce a Cade Yeager (interpretado por Mark Wahlberg), que demuestra, con su naturaleza sarcástica y su actitud descarada, y casi de forma inmediata ser mejor que Shia LaBeouf en todos los sentidos. El personaje de Wahlberg demuestra ser un protagonista competente, no es reducido a un molesto e irritante púber que se dedica a gritar y ser un incordio, y tiene muchas más cosas a perder que las que jamás tuvo el personaje de LaBeouf.
Es la primera pelea entre dos Transformers de toda la saga, y no se puede poner mucho mejor que esto. Michael Bay demuestra sus credenciales como director de acción, con su personalísimo y marcado estilo, en esta secuencia que empieza como una persecución en coche, sigue como un patinaje de Transformers, y termina como un intercambio de puñetazos, todo en las cercanías de Los Angeles. La paliza de Optimus es de proporciones bíblicas: son algo menos de dos minutos de pura adrenalina totalmente imperdibles.
Optimus necesita ayuda para salvar a la Tierra de su destrucción absoluta (una vez más), así que decide tomar medidas drásticas: liberar a los Dinobots, contra los que los Autobots no tienen muy buena relación, para así recuperar la semilla. Pero Optimus va tan sobrado que suelta uno de sus famosos discursos mientras zurra a un Tiranosaurio Rex metálico que escupe fuego por la boca. Y luego, lo monta espada en mano.
Nuestros héroes son perseguidos por una facción del gobierno que quiere acabar de una vez por todas con Decepticons y Autobots. Montados en un coche de la NASCAR, llegan al quinto piso de una fábrica abandonada y se lanzan por una rampa justo en el momento en el que llega Optimus para salvar el día una vez más.
No se sabe de dónde han salido, cómo han nacido o qué tipo de reproducción tienen sus progenitores, pero la quinta (y última por ahora) película de Transformers cuenta en un par de secuencias con la presencia de una versión reducida y súper-cuqui de esas salvajes bestias que aparecieron en el clímax de 'La era de la extinción'… al final resulta que están lejos de extinguirse.
Valga el trabalenguas, lo único que no se le puede cuestionar a Michael Bay son los efectos especiales, el montaje de sonido y la manera que tiene de dirigir la transformación de los Transformers. Épica, espectacularidad, ruido y chispas: el aceite de motor nos gotea por las juntas cada vez que vemos un Lamborghini, a un Chevrolet o a un Hummer convertirse en una bestia metálica y agresiva dispuesta a zurrarse con todo lo que se mueva.