10 de noviembre de 2014

Los años clave de Leonardo DiCaprio

Por M. J. Arias

Es uno de los mejores actores de su generación –comparte año de nacimiento con nombres como Christian Bale, Joaquin Phoenix y Amy Adams–, maltratado por la Academia – que sigue empeñada en negarle el Oscar– y uno de los más solicitados por los grandes directores de Hollywood. Ha trabajado con Clint Eastwood, Christopher Nolan, Woody Allen, Quentin Tarantino, Steven Spielberg y es el actor fetiche de Martin Scorsese, con el que ha rodado en cinco ocasiones. Hablamos de Leonardo DiCaprio, que este martes entra en la cuarentena en lo alto de su carrera y con un currículum envidiable. Pasó de niño prodigio a ídolo de adolescentes para acabar siendo uno de los actores mejor valorados de Hollywood.

1991.

Fue su salto al estrellato. La serie protagonizada por el rubiales Kirk Cameron lo acogió como hijo adoptivo de la familia Seaver. Antes ya había trabajado para la caja tonta en más de una ocasión. Con 15 años participó en varios capítulos de ‘LA NUEVA LASSIE’, pero fue en ‘LOS PROBLEMAS CRECEN’, ya con 17 años, cuando el foco se fijó en él. Un papel de adolescente que le abrió muchas puertas. Aunque el salto de calidad, ese que hizo que críticos, directores y el público en general se fijaseN en él como una joven promesa lo dio dos años más tarde.

‘VIDA DE ESTE CHICO’ y ‘¿QUIÉN AMA A GILBERT GRAPE?’ marcaron un punto de inflexión en la carrera de este por entonces joven actor. Estaba cerca de cumplir los veinte cuando se cobijó bajo la alargada sombra de Robert De Niro y Johnny Depp. En la primera interpretaba a un adolescente rebelde con un padre nada fácil de llevar. En la otra, al hermano retrasado del protagonista. Un complicado papel que le valió su primera nominación al Oscar. Con ambos conquistó a la crítica. Ese joven de aspecto aniñado tenía por delante una carrera brillante. Pero…

Entonces llegó ‘ROMEO Y JULIETA’ (1996), pero sobre todo ‘TITANIC’. La épica historia de amor entre Jack y Rose podría haber acabado con su carrera. El adolescente de carrera prometedora se había convertido en carne de películas románticas, uno más de tantos como en los noventa decoraban paredes y carpetas de adolescentes. Después de ‘TITANIC’, tan aplaudida, vista y premiada, DiCaprio cayó en una suerte de pozo oscuro actoral.
La rodó en aquellos años algo oscuros en los que recaló en películas de calidad dudosa como ‘EL HOMBRE DE LA MÁSCARA DE HIERRO’ (1998) y ‘LA PLAYA’. Dirigida por Danny Doyle, no es uno de esos títulos que los cinéfilos revisiten una y otra vez para certificar el de sobra demostrado talento como actor de DiCaprio. Eso sí, entre medias se dio el gusto de rodar a las órdenes de Woody Allen ‘CELEBRITY’.
Entonces llegó Martin Scorsese para sacarlo del pozo en el que se había metido. Le dio el papel de Amsterdam Vallon, le obligó a darle la réplica al oscarizado Daniel Day-Lewis y le devolvió a la primera línea. Fue allí, rondando una historia de gánsteres en los orígenes de Nueva York donde surgió un idilio actor/director que dura doce años y que ha sido de lo más productivo y beneficioso para ambos y para el cine en general.
Tras ser infiel a Scorsese con Spielberg para rodar ‘ATRAPAME SI PUEDES’ y meterse en la piel de un joven estafador de 19 años cuando él ya había soplado 30 velas en su última tarta de cumpleaños, el director de ‘NO DE LOS NUESTROS’ volvió a contar con él para ‘EL AVIADOR’. DiCaprio se convirtió entonces en Howard Hughes, el mítico productor de los años dorados de Hollywood y gran aficionado a la aviación que tuvo una vida azarosa. La Academia se volvió a fijar en él para acabar ignorándole. Le nominaron y le negaron el premio como han hecho en cuatro ocasiones. Sí se llevó el Globo de Oro por ese mismo trabajo.
Supuso el reencuentro con una de las mejores parejas cinematográficas que ha tenido en sus más de dos décadas de carrera delante de la cámara. Junto a Kate Winslet y con su entonces todavía marido Sam Mendes en la dirección, Leonardo DiCaprio interpretó a un acomodado padre de familia de clase media con miedo a arriesgar y dar el salto. La muerte de una pareja que construye su vida junta durante años para ver cómo en cuestión de poco tiempo de derrumba todo su universo. Aquel año, en 2008, ya había sumad su tercera nominación. La había conseguido un año antes por ‘DIAMANTE DE SANGRE’.
A las órdenes de Scorsese en la primera y de Christopher Nolan en la segunda, DiCaprio protagonizó dos de las grandes películas de aquel año. En ambas sus personajes tenían mucho en común. Dos maridos torturados por la muerte traumática de su mujer. Eso sí, el Cobb de ‘ORIGEN’ está fuera de la ley y Teddy Daniels es un agente que intenta desentrañar una misteriosa desaparición en un manicomio.

De 2013 podría decirse que ha sido, hasta ahora, el mejor año de DiCaprio en lo profesional. Dos producciones de altos vuelos, dos directores aplaudidos y dos personajes icónicos. Primero se estrenó ‘EL GRAN GATSBY’, una explosión de color y música en la que DiCaprio interpretaba la versión que Baz Luhrmann llevó a la pantalla de la novela de F. Scott Fitzgerald. Aunque la cuarta nominación le vino por otro personaje no menos extravagante y ruidoso, el de Jordan Belfort, un corredor de bolsa estadounidense apodado El lobo de Wall Street que acabo en la cárcel por sus tejemanejes. Una vez más, la Academia lo ninguneó. Tanto a él como a su padrino, Martin Scorsese. Y, una vez más, los Globo de Oro sí que reconocieron su soberbia actuación. Quizá DiCaprio debería plantearse aceptar un guión que le exija engordar o adelgazar drásticamente para que al fin los académicos premien su talento.

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