20 de abril de 2015

Los hábitos de rodaje más curiosos de grandes directores

Por Pedro Moral

Los directores de cine suelen ser personas con fuertes manías a la hora de ponerse a rodar. E incluso antes, escribiendo el guión o eligiendo los actores, muchos deben seguir cuidadosamente determinadas prácticas que se van repitiendo rodaje tras rodaje. Si no lo hacen sienten que su película será mucho peor. El ego tiene que ver pero también las taras psicológicas propias de los artistas como las supersticiones, los traumas personales y los terribles complejos. A todos nos encanta Woody Allen, Akira Kursawa o Stanley Kubrick, pero sin ésos hábitos sus películas no serían lo mismo (¿o sí?). En cualquier caso, que no os engañen, ningún director de cine debe ser calificado como persona normal. 

Que el ritmo no pare, no pare, no

El título de la canción de Patricia Manterola es el primer mandamiento de Terrence Malick a la hora de rodar. Él ha declarado en alguna ocasión que rueda "bastante material" y que luego lo edita. Sin embargo, lo de "bastante" se queda corto. Malick no apaga la cámara en el tiempo que dura el rodaje, así si una mariposa se posa por sorpresa en el hombro de uno de sus actores ahí está él para captarla y encerrarla en horas y horas y horas de metraje que luego cambia durante meses en la cabina de montaje, donde este director es, por fin, feliz. Después de la edición la película cambia por completo y no es raro que alguno de los actores principales se convierta en secundario, extra o incluso no salga. 

El emperador

Este era el mote que tenía Akira Kurosawa, el director japonés era un tirano con el elenco. En cada rodaje elegía a uno de los actores y le insultaba y humillaba en público con la intención de motivar al resto de los actores. Evidentemente esta práctica provocó que tuviera muchos enemigos pero, casualmente o no, consiguió algunas de las mejores interpretaciones del cine japonés. También había otra cosa con la que Kurosawa era muy perfeccionista, y eso eran los decorados. El realizador de 'Rashomón' llegó a construir un castillo para su película 'Ran' que posteriormente fue reducido a cenizas en una de las escenas. 

Cuantas más películas a la vez, mejor

"Orson Welles era absolutamente lamentable cuando sólo tenía una cosa que hacer. Contemporizaba y no le concedía la atención necesaria. Necesitaba la obligación de tener que hacer varias cosas al mismo tiempo", esta frase de Richard Wilson tiene que ver con uno de los hábitos más curiosos a la hora de rodar del director de 'Ciudadano Kane'. Orson Welles siempre tenía un montón de ideas que contar a los productores y le encantaba emprender varios proyectos a la vez y aceptar, además, fechas de entrega insostenibles, era su forma de obligarse siempre a dar lo máximo. 

El problema venía cuando empezaba a llegar tarde a los rodajes por falta de tiempo y ponía en peligro su película. Hubo veces que ni siquiera acudía al montaje, en 'Sed de Mal' el montador llegó a declarar que nunca había visto a Orson Welles por allí. Tampoco era raro puesto que Welles renegaba del proceso de montaje: "Cualquiera puede rodar una peli con unas tijeras y una lente de doble objetivo. Un largo plano secuencia es lo que siempre diferencia los hombres de los niñatos"

Todas las tomas son pocas

A parte de martirizar a los actores al estilo Akira Kurosawa, Stanley Kubrick era famoso por hacer inumerables tomas de cada escena, de hecho tiene el récord mundial tras repetir una misma toma 148 veces, en concreto en 'El resplandor' con el actor Scatman Crothers. A Shelley Duvall también le hizo rodar una misma toma 127 veces, Duvall acumuló tanta tensión durante la grabación que su pelo comenzó a caerse. A parte de esta obsesión por la toma perfecta, Kubrick participaba en todas y cada una de las partes de la realización de sus películas, incluso tenía el control de los doblajes de sus cintas en el extranjero. 

El director que no dirige a sus actores

Los actores le dan pereza a Woody Allen. No tarda mucho en elegirlos, les manda el guión (a ellos directamente, no a sus representantes) y les da un día para que decidan si quieren o no trabajar en su película. Si les da el si, queda con ellos, pero poco, una media hora. Y siempre llega antes para elegir el sitio más cómodo. 

Una vez que comienza el rodaje, Woody Allen no dirige a sus actores, les da unas sencillas pautas y no les deja improvisar pero les ofrece una absoluta libertad para que se hagan con el personaje a su manera. En múltiples entrevistas Allen ha reconocido que al trabajar durante toda su carrera con tan buenos actores es innecesario decirles nada, sobre todo él, tan consciente de su limitación como intérprete. Esto le permite centrarse en la iluminación, los encuadres y el sonido: el director director de 'Manhattan' suele rodar las escenas sin mirar para fijarse en el sonido de la escena. 

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