22 de diciembre de 2016

Los muchos 'silencios' de lo nuevo de Martin Scorsese

Por M. J. Arias

El próximo 5 de enero, como si de un regalo de Navidad se tratase, llegará a la cartelera española el último trabajo de Martin Scorsese, 'Silencio'. La historia de dos jesuitas (Andrew Garfield y Adam Driver) que viajan al Japón del siglo XVII para dar con el paradero de su mentor (Liam Neeson), miembro ilustre de su orden del que llegan noticias de que ha apostatado tras ser torturado. La película explora el término silencio en toda su extensión.
Es algo de lo que el espectador se va dando cuenta a medida que se suceden las escenas. La ausencia de música a lo largo de los 2 horas y 41 minutos que dura la película es clave para contar la historia. Porque para hablar de silencio, tiene que haberlo. Y en el último trabajo de Scorsese prescindir de la música no ha sido una cuestión estética, sino narrativa.
El desconocimiento del idioma de quien está en frente hace que en ocasiones las miradas y los gestos deban sustituir a las palabras. Los padres Garupe y Rodrigues hablan en inglés, pero en Japón no todo el mundo les entiende. De ahí que en ocasiones los silencios sean obligados. Para qué hablar si con quien intentas comunicarte no conoce tu lengua ni tú la suya. Y no solo eso. A veces, la palabra equivale al silencio dado que la otra parte no entiende lo que se le dice. Hablar o no hablar tienen idéntico resultado.
Moverse en la clandestinidad implica largos periodos de silencio para no ser descubierto. Algo que han de poner el práctica los personajes de Andrew Garfield y Adam Driver en sus primeros momentos en Japón. Para no desvelar su presencia en el país se ocultan durante el día en una cabaña remota, aislados y sin hacer el menor ruido para no llamar la atención de cualquier campesino que pase por allí.
Es el más complicado de sobrellevar para los protagonistas. Su fe es puesta a prueba continuamente. Ante la violencia y persecución que viven en su periplo japonés se preguntan continuamente porqué ese silencio por parte de su dios. La ausencia de una señal o algo que les sirva para poder explicar el sentido de todo lo que ocurre se torna el mayor peso de su misión evangelizadora y el principal escollo para mantener viva la llama de su fe.
Es el más mundano y casual. La sala se queda a oscuras, los tráileres y anuncios han llegado a su final y es la hora de que comience la película. Un rótulo anuncia lo que es espectador está por ver ‘Silencio’. Y los últimos rezagados en eso de adoptar el mutismo como filosofía de entender el ritual de acudir a la sala de un cine se callan. Es lo que hay que hacer y el titulo de la película, además, invita a ello. Qué aparezca el título de la película en pantalla es lo habitual, pero en esta ocasión cobre un sentido especial.
Artículo escrito por losExtras.es