14 de mayo de 2015

‘Mad Max’ y el juego de las 7 diferencias

Por Pedro Moral

Los fans de la saga creada por George Miller llevan 30 años pidiendo una continuación o una revisión de las películas que J. G. Ballard definió como La Capilla Sixtina del punk. Una especie de westerns futuristas que se alimentaban de coches tuneados, cuero y gasolina, mucha gasolina. La espera ha llegado a su fin y ha sido el propio Miller el encargado de curar la sed con el cuarto título 'Mad Max: Furia en la carretera'. Muchos ven esta cinta protagonizada por Tom Hardy como igual o superior de la que hasta entonces era la mejor de la saga, 'Mad Max: El guerrero de la carretera'. Mejor o peor sólo podemos asegurar que ofrece cosas muy diferentes. ¿Cuáles son esas siete diferencias?

En 'El guerrero de la carretera' las frases de diálogo de Mel Gibson cabía en una cara de un folio, y sobraba espacio. El misterioso héroe del desierto, el jinete envuelto en cuero, el guerrero de la carretera no pronunciaba ni una palabra haciendo gala de su misterioso y amargo pasado. Sin embargo, aunque la fórmula se repite con Tom Hardy, una actor cuyas dotes interpretativas son bastante mejores que las de Gibson, en este caso le han dado la oportunidad de ser él la voz en off y no un niño que lanza bumerans.

Como no podía ser de otra forma todos y cada uno de los autos (locos) que aparecen en la película están tuneados, sin embargo a diferencia de las antiguas aquí parecen firmas de diseñadores de alta costura. Todo es viejo pero bonito, sucio pero brillante y sobre todo letal. Cada adorno es letal y por primera vez Mad Max prueba esos fascinantes poste que los villanos adornan con el enemigo.

George Miller no solo ha dirigido Mad Max, a sus espaldas hay títulos como 'Babe, el cerdito valiente', 'El aceite de la vida' o 'Las brujas de Eastwick'. Y una de sus características es su buen pulso a la hora de plasmar la poesía de una determinada época en sus encuadres. Nunca, y mucho menos en 'El guerrero de la carretera' ha hecho un ejercicio de grandilocuencia poética tan basto como en esta última parte de la saga. Toda la acción tiene un sentido, una especie de lectura que se relaciona con los tiempos que vivimos.

Un truco que utilizó George Miller para plasmar el ritmo frenético de esas violentas persecuciones en el desierto en los anteriores títulos de Mad Max fue utilizar la cámara rápida. Así, los coches parecían mucho más rápidos, sin embargo para esta nueva película en la que los efectos especiales ya han suplido las carencias de hace treinta años el director ha recurrido a todo lo contrario, a la cámara lenta. No vaya a ser que el espectador se pierda algo...

En 'El Guerrero de la carretera' apenas había presencia femenina. Y en 'Más allá de la cúpula del trueno', la tercera parte de la saga, el rol femenino lo ocupaba una diva como Tina Turner. Ahora en esta cuarta parte de la saga la presencia femenina es casi tan importante como la de Mad Max, y es Charlize Theron la que se encarga de llenar ese hueco que a Tina Turner se le quedó muy, muy grande. 

El desierto es uno de los personajes de esta saga, con una importancia tremenda en cada uno de los títulos. Para 'Furia en la carretera' George Miller ha ido más allá y ha dotado al paisaje de un clima extremo entre tormentas gigantes de aren y tempestades repletas de rayo y truenos. Más dificultades para el héroe de la carretera.

Las películas de Mad Max de los años ochenta no duraban mucho más de 90 minutos. Y funcionaban muy bien, su estructura cuadraba perfectamente con los pulsos de acción con los que George Miller animaba el cotarro. Pero ahora que casi todas las películas de éxito en taquilla duran dos horas larga Miller se ha visto obligado a cumplir y ha firmado el Mad Max más largo hasta ahora, 120 minutos de puro desgaste.

Artículo escrito por losExtras.es
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