18 de marzo de 2016

Manual cinéfilo para pasárselo pipa en las fiestas del pueblo

Por M.J. Arias

Todo aquel que haya nacido y crecido en un pueblo o que cada fin de semana y fiesta de guardar haya acudido al de sus padres y/o abuelos para desconectar de la ciudad sabrá más que de sobra qué hay que hacer para pasárselo en grande en las fiestas patronales. En realidad, no es tan difícil y el cine lo ha sabido reflejar muy bien. Los mejores ejemplos (recientes ambos) son 'Primos' y 'El pregón'. Viéndolas, uno no solo llorará de la risa, sino que, además, sacará una idea bastante clara de qué son las fiestas del pueblo y cómo sacarles el mayor partido posible.
Porque ahí es donde empieza todo. Suele ser a primera hora de la noche. Da el pistoletazo de salida a las fiestas, el júbilo es máximo, la expectación está por las nubes, los paisanos agolpados en la plaza a los pies del balcón del Ayuntamiento jalean al pregonero y la locura se desata con el anuncio de comienzo de fiestas.

Al final, lo de menos es lo que se diga en el pregón. Es el trámite que hay que pasar para que la fiesta comience oficialmente. Aun así, el cine nos ha dejado algunos ejemplos memorables. El de Berto Romero y Andreu Buenafuente en 'El pregón' tiene su aquel, pero el pregón por antonomasia es aquel que decía "Como alcalde vuestro que soy…".
Es casi lo más importante, porque un muermo a tu lado puede arruinarte las fiestas. Nada más contraproducente para un fiestero que un aguafiestas como acompañante. En estos casos los amigos de toda la vida suelen ser una de las mejores opciones, pero la familia siempre está ahí, para recogerte de la acera cuando haga falta y arrastrarte a la cama tras el encierro. Si no, que se lo pregunten a Quim Gutiérrez y sus primos ('Primos') o a los hermanos Osorio ('El pregón').
Para eso son las fiestas del pueblo. Para dejarse llevar, emborracharse como cosacos, comer como vikingos y bailar hasta que los pies echen fuego. Lo mismo da mover el esqueleto al ritmo de reggaeton que con el éxito pop de hace tres décadas. Un pasodoble o unas sevillanas también pueden servir. Y, ¿por qué no? Subirse al escenario a darlo todo al ritmo de 'As Long As You Love Me'. ¡Qué más da! Si nadie se va a acordar al día siguiente. Salvo por esos malditos móviles que lo graban todo para la posteridad. "Eso, en mis tiempos, no pasaba", dirá el abuelo.
Si no ligas en las fiestas del pueblo es que no mereces estar en ellas. Las cosas como son. Sobre todo si estás en la edad. Porque, que nadie se engañe, ¿para que son si no? Para pasárselo bien y ligar. Los del pueblo, que ya se conocen todos, esperan ansiosos la llegada de los forasteros. Y estos, a la inversa. Porque la novedad siempre llama y los amores de verano (las fiestas patronales suelen ser siempre en los meses de estío) están para eso. Si hasta Berto y Andreu pillan cacho en 'El pregón' sin ser precisamente unos jovenzuelos.
Esto que no falte. Aunque solo sea por contentar a tu abuela, que se va a tomar muy a mal eso de que no vayas a la procesión de turno de la Iglesia a la Ermita. Y si hay que ponerse delante de un toro (o detrás) y correr los Sanfermines, pues se hace. Tanto si se es pamplonica de pura cepa, castellano manchego o del mismísimo Vancouver, como Joshua Jackson en 'Americano'. Eso sí, cuidado, que honrar al patrón de las fiestas está bien, pero hasta cierto punto, que a Buenafuente y Romero se les va un poco la mano con el tema en 'El pregón' y acaban… Bueno, mejor verlo.
Artículo escrito por losExtras.es
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