29 de abril de 2014

Ocho giros que nos reconcilian con el cine

Por María Pérez

Hay películas que empiezan como una cosa y terminan siendo una cosa totalmente distinta. Puede suceder en una escena colocada al principio, a modo de pista de lo que se desencadenará más tarde, o pegar un giro inesperado, o coger un tono que no estaba ni sugerido. El caso es que esta capacidad de sorprender a los espectadores, incluso a los más curtidos, cuando está bien llevada es uno de los grandes placeres que aún nos reserva el cine. Veamos algunos casos llamativos. Ojo, que este tema viene cargado de 'spoilers'.

'LOS OTROS'

Las películas de terror son el caldo de cultivo ideal para los giros de guión. Muchas veces son tan radicales que dejan de serlo para convertirse en trampas, pero hay otras que convierten a las películas en clásicos instantáneos, en obras maestras del género. La primera película que hizo Amenábar con producción y actores internacionales era una historia de terror gótico muy bien llevada sobre una familia formada por una mujer, Grace, y sus dos hijos con el resto de la servidumbre que trabaja y habita un caserón aislado en la isla de Jersey.  El marido de Grace no ha vuelto después del fin de la guerra y ella les da a los niños una férrea educación llena de superstición y estrictas normas; además, los niños sufren una extraña enfermedad por la cual no pueden recibir la luz directa del sol. La película va introduciéndonos en el extraño mundo que ha creado Grace para sus hijos, y empieza a dibujarse como una historia de fantasmas. Pero ninguno sospecharíamos que los verdaderos fantasmas son ellos y todos los sirvientes, que están encerrados en la casa, y nos enteramos gracias a los habitantes reales de la vivienda que Grace, enloquecida, mató a sus hijos y después se suicidó.

'QUEMAR DESPUÉS DE LEER'

El diálogo final de esta película de los hermanos Coen es una de esas pinceladas de sentido común e inteligencia que nos explican las motivaciones y la conclusión de sus personajes en toda su filmografía. Al igual que la explicación sobre la codicia que da Frances MacDormand en 'FARGO', o la escena final de 'NO ES PAÍS PARA VIEJOS', la conversación entre el director de la CIA y su colega lleva a la conclusión que se puede prolongar a muchas de las películas de Joel e Ethan: nada tiene sentido; la gente se mueve por dinero y egoísmo, pero a pesar de las consecuencias desastrosas que se pueden desencadenar, nadie está dispuesto a aprender de los problemas que ellos mismos causan, paguen por ello o no.

'LA CABAÑA EN EL BOSQUE'

Una de las sorpresas más deliciosas del cine de terror en los últimos años la escribieron Joss Whedon y Drew Goddard en una noche de encierro en un hostal.  Y lo que empieza siendo una peli de terror típica de unos jovenzuelos descabezados que no saben dónde se meten, de repente es algo más. Ya nos da una pista la escena inicial, con Richard Jenkins y Bradley Whitford, dos actores a los que no solemos ver en películas banales, teniendo la más banal de las conversaciones posibles. Avanza la película, intentamos olvidarnos de la escena, y de repente, la furgoneta que lleva a los jovenzuelos por una carretera de montaña atraviesa una retícula que sólo se ve durante unos segundos. Y algo en nuestro cerebro dice “¡Huy!”.

'ENTRE COPAS'

La película que colocó a Alexander Payne entre los directores favoritos de EEUU es una película divertida y suave sobre dos amigos que hacen un recorrido por la zona de viñedos de California. La relación entre los dos personajes interpretados por Paul Giamatti y Thomas Haden Church nos hace preguntarnos constantemente qué les unió tan intensamente, mientras Miles (Giamatti) va tomando relevancia y Jack (Haden Church) busca cobijo en sus pretensiones.  Y de repente Jack se deja la cartera y sus alianzas tras liarse con una camarera, y se hunde completamente, contraponiendo vulnerabilidad y desesperación a la fanfarronería que habíamos visto de él hasta entonces. Y como siempre, Payne vuelve a rebuscar en el alma humana, a hurgar con su dedo tan amable como certero  en los escondrijos de la personalidad y sacar a la luz las verdaderas motivaciones de los personajes.

'MÁTALOS SUAVEMENTE'

Con esta película de Andrew Dominik pasa una cosa curiosa: no tiene mucho sentido hasta la escena final. Hasta ese momento, se da una vaga sensación de lo que intenta hacer y contar. Pero llega el monólogo final de Brad Pitt, en una fantástica escena, y se aclaran todos los puntos que habían quedado en un terreno un poco oscuro, y los relaciona con los más obvios y los aparentes clichés sobre los gánsters a los que recurre.

'50/50'


La mayoría del tiempo, esta película del joven talento Joseph Gordon-Levitt intenta tratar con humor y ligereza el drama del cáncer, sobre todo cuando afecta a una persona joven. Su personaje, Adam, intenta distraerse mientras coge las riendas de su enfermedad, a la que trata como una carga que comparte con la gente que le rodea. Pero llega un momento en el que la tristeza y el miedo toman papel dominante. Una escena con forma de sutil bajón aliviado por la presencia de la madre en la habitación del hospital en el que está ingresado, cuando todo está yendo demasiado rápido para Adam, y todo se resume en una llamada apagada a su madre, y los espectadores nos quedamos desolados y sin distracciones de las que echar mano.

'ONCE'

Una escena que justifica toda una película. Una escena que logra captar ese momento de conexión inexplicable entre dos personas . Una inmigrante checa y un músico callejero dublinés se conocen accidentalmente. Los personajes se presentan suavemente, coqueten levemente, hablan de música; él parece un tipo muy auténtico, y su relación parece natural, aunque intrascendente. De repente, en su segundo encuentro, entran en una tienda de instrumentos musicales y surge la magia. Y no sólo la magia, sino un trasfondo de emociones que se explicarán más adelante, sobre la tragedia del amor. Ese momento transitorio que se inicia con la escena de la tienda y que culmina con la grabación de su maqueta quedará como un detalle en sus vidas, unas vidas que estaban determinadas antes de su encuentro y que ni siquiera la fuerte unión creativa que surge entre ellos es capaz de cambiar.

'MALDITOS BASTARDOS'

En este caso, lo que da un giro inesperado es la carrera entera de un director. La secuencia prólogo de 'MALDITOS BASTARDOS' es toda una declaración de intenciones respecto del cine que va a hacer a partir de ese momento. Ya no se trata tanto del tono 'cool' verborreico de obras maestras como 'RESERVOIR DOGS' o 'PULP FICTION', ese tono que nos enganchó y algunos seguimos buscando a pesar de este nuevo rumbo. Con una tensión palpable y una magistral intepretación de Christoph Waltz, ese general de las SS que se gana a pulso los odios e inquinas del público informado, y nos dice que Tarantino se va a tomar las cosas mucho más en serio a partir de hora, y que no debemos perder ripio de lo que va a suceder a continuación. Una pena.
 

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