26 de julio de 2017

Películas en las que los indios fueron los buenos

Por Claudia Lorenzo

Hay mucho por hacer aun en el retrato americano de la historia de los nativos de su país, aquellos que estaban antes de los primeros colonos, que fueron vistos (y constantemente retratados) como salvajes pero que sufrieron en sus carnes la opresión de unas gentes que querían acceder a unas nuevas tierras sin importar quién estaba en ellas antes. La historia de los indios americanos, y de su cultura, sus costumbres, sus vidas, ha sido poco vista en el cine, más allá de estereotipos. Y ya no hablemos de la distinción entre tribus. Porque si no toda África es un país, no todos los nativos proceden de una misma cultura. A propósito del pase de 'Windtalkers' en Paramount Channel, os dejamos algunos filmes que intentaron (y la mayoría lograron) hacerle justicia a los nativos americanos.
El código Navajo, crucial para el triunfo de las tropas americanas en el frente japonés durante la Segunda Guerra Mundial, es el punto central de un filme en el que los Nativos son, antes que seres humanos, códigos a los que proteger, tanto para bien (dirigiéndolos a puntos estratégicos para hacer avanzar las misiones), como para mal (asesinándolos si están a punto de ser capturados por los japoneses, para “proteger el código”). Así, en la convivencia entre los Nativos Americanos que son capaces de hablar el idioma y los soldados que tienen que protegerles, surgen episodios racistas, diferencias culturales y tensiones, pero también
“Si no entiendes que hay aquí, sólo es tierra para ti”, cantaba Pocahontas mientras dejaba caer la arenilla entre los dedos de John Smith, intentando explicarle la comunión que debería haber entre el hombre y la Tierra. En ‘Pocahontas’, la primera película Disney que acababa mal (aunque podía haber acabado bastante peor), los Nativos Americanos y los colonos son igual de buenos, o igual de malos, dependiendo del momento. Más allá de intentar colocar a una raza por encima de la otra, ambas son responsables de sus actos. En ‘El nuevo mundo’, la visión de la misma historia por Terrence Malick (aquí ya no cantan), la tribu india adopta al colono enamorado de Pocahontas y le demuestra que son… personas, al igual que él. Malick contrató a un lingüista para recuperar el idioma Powhatan (extinguido) en el que hablaban los nativos, con intención de mantenerse lo más fiel posible al relato.
El exitazo de Kevin Costner en el que el teniente John J. Dunbar conoce poco a poco la cultura de los Sioux y se da cuenta de que no son el demonio que le han vendido, además de reportarle dinero y Óscars, le dio a su director y protagonista el título de miembro honorario de la Nación Sioux, gracias a la representación (y el impacto) que había tenido su retrato de los Nativos Americanos. Aunque algunas críticas declaraban que aún había momentos que se podían haber mejorado en la película (errores en el lenguaje Lakota o su pronunciación), ‘Bailando con lobos’ se considera uno de los mejores retratos de la cultura sioux en la gran pantalla.
Un filme de Jim Jarmusch en blanco y negro, con Johnny Deep interpretando a una especie de vaquero del oeste que se ve ayudado, y salvado, por un indio, hijo de dos amantes de tribus opuestas, secuestrado y educado en Inglaterra y devuelto con el tiempo a su tierra natal a la que tampoco pertenecía ya del todo. Además de un tanto rara (es lo que tiene el toque Jarmusch), ‘Dead Man’ se considera una película respetuosa tanto con los Nativos Americanos como con las diferentes tribus que forman ese gran conglomerado. Existen conversaciones en idioma cree y ‘pies negros’ que no se han subtitulado y son guiños exclusivos para los espectadores que entiendan la lengua, y los personajes indios están interpretados por actores de origen indígena.
En su raíz, más allá del oso y los gruñidos de DiCaprio, la historia del último filme de Iñárritu es un cuento de amor interracial, en el que el personaje principal ha vivido una historia romántica con una nativa americana, una historia que le ha dado un hijo que ahora le acompaña a todas partes, y que es razón suficiente, en el racismo imperante en su grupo, para generar odio. Cuando Hugh Glass es atacado, de palabra y de acción, es porque su relación con los nativos americanos resulta desconcertante, y amenazante, para los colonos. Y, sin embargo, él y la narrativa tratan a esos personajes como otro cualquiera, individuales, independientes de su raza y su cultura, pertenecientes a la tierra que los europeos intentan colonizar.
Basada libremente en la novela de James Fennimore Cooper, la película de Michael Mann se centra en la historia de Nathaniel Poe, criado y educado por los mohicanos tras la muerte de sus padres, y su intervención en la guerra franco-india americana, en la que los británicos se enfrentaron a varias tribus nativas y a los franceses. Igual que los europeos se retratan en la historia independientemente de su nacionalidad, eso hace la película con los nativos, a los que muestra como bravos guerreros, algunos despiadados, otros compasivos, con un sistema de reglas y valores propio que respetan, y con diferentes intereses personales, desde defender el honor personal, la familia o el respeto hasta invadir, pelear y dominar hasta el final.
La historia de los tres hermanos Ludlow, de su padre y, sobre todo, del hijo más rebelde, Tristan, siempre estuvo entrelazada con la historia de los amigos de la familia, ayudantes en el rancho y nativos americanos. Los mitos, leyendas y las lecciones indias que Tristan aprende desde pequeño en comunión con la naturaleza definen su forma de ser apasionada, visceral, honesta, respetuosa y, cuando está en su mejor momento, calmada. Porque si el amor de Tristan por Susannah es el tormento central del filme, su relación con Isabel Dos, indígena, sus hijos y su vida en familia es lo que le da, al final, una existencia pacífica, al menos por un tiempo.
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