11 de abril de 2017

¿Por qué la serie ‘Los mosqueteros’ es la mejor adaptación de las novelas de Dumas?

Por M. J. Arias

Adaptaciones de 'Los tres mosqueteros' ha habido muchas, unas más acertadas que otras y unas más respetuosas que otras. Hasta la fecha, una de las mejores era la realizada bajo la dirección de Richard Lester en 1973 que contaba con Richard Chamberlain como Richelieu y Christopher Lee en el papel de Rochefort. Sin embargo, y adaptando de manera libre las novelas de Dumas, esta nueva versión de la BBC supera a las anteriores por muchas razones. Estas son solo cinco de ellas que convierten a 'Los mosqueteros' en la mejor adaptación que se ha hecho de las novelas de Alejandro Dumas.
'Los mosqueteros' se atreve a adaptar más o menos libremente el texto de Dumas sin perder de vista ese espíritu aventurero que captura a quienes lo leen. Así, por ejemplo, no le tiembla el pulso a la hora de eliminar de un plumazo a cuatro personajes icónicos del texto como son Planchet, Grimaud, Bazin y Mosquetón. Estos mosqueteros no tienen sirvientes y, en la serie, no se les echa en falta. Al fin y al cabo en las novelas eran algo así como el elemento cómico de la misma.

Este es solo uno de los muchos cambios que introduce la ficción británica creada por Adrian Hodges. Lo que hace es extraer a los personajes del libro, su espíritu y muchos de los pasajes y aventuras que viven para construir una serie tremendamente entretenida y altamente adictiva.
Es lo que debe tener una historia como ‘Los mosqueteros’. Lo que se le pide. Los libros de Dumas rezumaban todo esto. Sus protagonistas eran un grupo de amigos que disfrutaban de una buena pelea, de un buen vino, de la compañía de las mujeres, de desbaratar los retorcidos planes para derrocar al rey de Richelieu y Mazarino y que anteponían su amistad ante cualquier otra cosa. ‘Los tres mosqueteros’ y sus continuaciones, ‘20 años después’ y ‘El vizconde de Bragelonne’ no dejan de ser una historia de aventuras sobre la amistad de estos cuatro hombres, Athos, Porthos, Aramis y D’Artagnan.
Es una de las primeras cosas que atraen al público y que más enganchan. No se le puede sacar pega a ninguno. Tom Burke, con su aire reservado y misterioso, es un perfecto Athos. Luke Pasqualino, con su juventud y ascendencia italiana, el D’Artagnan ideal. Aramis era un seductor nato y Santiago Cabrera lo representa a las mil maravillas. La elección de Howard Charles en el papel de Porthos es un claro homenaje al padre de Alejandro Dumas, hijo de un marqués francés y una esclava. Y, por último, Hugo Speer encarna a la perfección la calidez y rectitud de un teniente de mosqueteros como Treville. Eso en cuanto al casting masculino, porque el femenino es también sobresaliente, como se recoge en el siguiente epígrafe.
'Los tres mosqueteros' se publicó en 1844, un siglo XIX en el que el papel de la mujer era el que era. Por eso no es de extrañar que en la novela el mal casi en estado puro estuviese representado en la figura de Milady, delincuente y traicionera que destrozó a Athos. El suyo es uno de los personajes más atrayentes y mejor construidos de la novela y eso se traslada a la serie. En 'Los mosqueteros' las mujeres tienen mucho que decir y aunque algunas son utilizadas como era propio en la época, las tres protagonistas principales resultan ser tan valientes y guerreras como sus partenaires masculinos.
 
Lo es la mencionada Milady, en la piel de Maimie McCoy. Pero también Constance (Tamla Kari). En el libro se limitaba a ser el interés romántico de D'Artagnan, pero aquí es casi un mosquetero más. Dulce, pero luchadora. Y por último, la siempre en apuros Reina Ana (Alexandra Dowling), más limitada por su regia situación, pero capaz de sacar las garras cuando toca.
La historia original de Alejandro Dumas fue concebida para ser narrada por entregas. Era un folletín. Fue publicada por capítulos durante cinco meses en el periódico Le Siècle hasta que la recogieron en un único volumen. Ideada para ir contándose poco a poco, estaba plagada de aventuras que se sucedían las unas a las otras generando expectación en el lector.

 Al ser una serie y no una película, no tiene porque ceñirse solo a la trama general de la novela, sino que puede ir contando pasajes de la misma en cada capítulo hasta completar el arco argumental general. Quienes hayan leído las novelas sabrán identificarlos. Y quienes no, lo disfrutarán igualmente.