4 de abril de 2017

5 razones para ver ‘El último mohicano’

Por M. J. Arias

Todo cinéfilo que se precie debe haber visto 'El último mohicano' al menos una vez en su vida. Cuenta una de las mejores y más bonitas historias de épica y amor de los noventa. Y por si esto no fuera suficiente, que lo es, perderse en sus paisajes y dejarse llevar en la huida hacia la salvación de los personajes es un viaje de placer cinematográfico en todos los sentidos. Te damos cinco razones para dejarte llevar a su terreno.
Y eso siempre es sinónimo de garantía. Daniel Day-Lewis es uno de esos actores que se prodiga poco en la pantalla, pero cuando lo hace es por una buena razón. Si en el proyecto participa el actor británico es porque tiene un buen guion entre manos. Es conocido por la meticulosa preparación a la que se somete para entrar en el personaje y empaparse de él. Maniático lo llaman algunos. Concienzudo, otros. Sea como sea, lo cierto es que el resultado merece la pena para el espectador. Sus cinco nominaciones al Oscar, tres de ellas con premio, dan fe.
Otro gran nombre del cine detrás de ‘El último mohicano’. En este caso, el del director Michael Mann. Nominado en cuatro ocasiones al Oscar, esta película supuso un verdadero reto por la cantidad de espacios abiertos en los que se rodaba. ‘El dilema’, ‘Heat’, ‘Enemigos públicos’ y, por supuesto, ‘El último mohicano’ son algunos de los títulos más destacados de su currículum tras la cámara.
Pese a sus 25 años, ‘El último mohicano’ sigue siendo una película por la que no pasa el tiempo, que envejece bien y que cala generación tras generación. No es algo que puedan decir todos los títulos que fueron grandes en los noventa, por ejemplo. Volver a verla y descubrirla de nuevo con la perspectiva de los años siempre resulta interesante y gratificante.
La que sucede entre la hija de un coronel y el hijo adoptivo del considerado como el último mohicano. A ella y sus hermanas les pilla la batalla entre Francia e Inglaterra por Canadá en medio. Están siendo conducidas hacia su padre cuando su comitiva es atacada y salvan la vida por poco y con la ayuda de Nathaniel, un mestizo de gran valor y coraje que impresionará a una de las jóvenes, a la que interpreta Madeleine Stowe.
La película fue rodada principalmente en localizaciones naturales de Carolina del Norte. La belleza del paisaje donde transcurre la acción es un personaje más de una historia de aventuras, rivalidades y amor que encandila a todo el que la ve. No es de extrañar que siempre se quiera repetir y volver a verla.