11 de enero de 2016

'El ministerio del tiempo', maneras de vivir

Es muy difícil ser didáctico sin caer en la condescendencia. Y mucho más si, al cóctel resultante, le añadimos unas dosis de humor. Probablemente haya una secuencia en 'El ministerio del tiempo' que la defina a la perfección sin hacer uso del análisis. El Julián de Rodolfo Sancho, la Amelia  Folch de Aura Garrido y el Lope de Vega de Víctor Clavijo comparten mesa. El último trata de ligar con la joven a través del recitado de poemas, ante lo que el primero sale al quite recitando las 'Maneras de vivir'de Leño.

En esa anacronía, introducida de forma brillante a través del guión ágil que caracteriza a toda la producción, se puede identificar perfectamente el espíritu de la serie de TVE: un acercamiento a la historia en la que didactismo (ya hemos aprendido que Lope era un "donjuán") y el humor se dan la mano de forma constante. No es la única secuencia en la que ocurre, la primera temporada está llena de estas descontextualizaciones históricas y estos toques de humor ("el pasado necesita un Excel", "¿quién es ese Alatriste?" o Velázquez copiando a Picasso en sus retratos robot [!]), pero a la ficción creada con notable mimo por los Olivares, Javier y Pablo, Pablo y Javier, siempre se le percibe cierta ilusión de vocación pedagógica.
La Historia pasa por delante de los ojos del espectador con sorprendente naturalidad y a modo de historia (en minúscula). Son los personajes quienes viven la Historia a través de su relación, que se constituye como un vínculo tan necesario (con su constitución como "guardianes del tiempo") como disparatado (las situaciones que enfrentan en su nuevo día a día). El trío de protagonistas no podría haber sido más diverso. En el corazón de este equipo late la pluralidad y la complejidad: Alonso, un soldado del siglo XVI, con sus particulares códigos de honor y lealtad, tiene que entenderse a la fuerza con un enfermero del siglo XXI, más de salvar vidas, y con una estudiante del siglo XIX que, además de ser una pionera universitaria, muestra una evidente y no forzada hegemonía intelectual sobre sus compañeros. El papel de la mujer es primordial en esta ficción, tanto dentro (con Aida, e Irene –maravillosa Cayetana Guillén Cuervo) como tras las cámaras, donde Anaïs y Abigail Schaaff destacan en la escritura y la dirección respectivamente.
Poco importa si 'El ministerio del tiempo' se circunscribe en la ciencia ficción, en lo histórico o en el subgénero de los viajes en el tiempo. ¿Qué importa la etiqueta cuando sobresale la calidad? La serie creada por los hermanos Olivares muestra una clara vocación de dar un paso adelante y consigue abrir nuevos caminos, sin explorar, con mucho jugo que extraer para la ficción española. El esfuerzo de producción y el apartado técnico, sin duda, respaldan la idea principal de sus creadores. Son las nuevas maneras de vivir de la ficción nacional; sin complejos, sin condescendencias.
Artículo escrito por OchoQuince Magazine
Tú decides la Mejor Serie de los Premios Paramount. Vota aquí y podrás ganar un año de cine gratis.